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Lo probamos

Stretching: una hora de relajación en modo fit

Por Camila Sánchez 17 Dic, 2018

Aunque muchos resientan el momento de la elongación en cualquier disciplina deportiva, por el tirón de los músculos y la falta de flexibilidad, en Wolfpack Fitness tienen una clase dedicada solamente a eso. Tal como lo indica su nombre, en Stretching se estira todo el cuerpo. Y salir de esta clase se siente igual que salir de un masaje relajante, lo que viene como anillo al dedo a esta altura del año.

Durante muchos años hice ballet y una de mis partes favoritas era el final de la clase, cuando nos dedicábamos a estirar. Dolía mucho, pero se sentía bien –aunque muchas compañeras diferían-, aún más cuando, por fin, lograba tocar la punta de mis pies.

Mis días de tutú ya se acabaron, pero he seguido buscando una clase dedicada sólo a la flexibilidad. Ni yoga ni pilates: una hora de mover calmadamente mi cuerpo en posiciones a las que no estoy acostumbrada y aguantar, aguantar. Para suerte mía, lo encontré.

En el centro de entrenamiento Wolfpack, en la entrada de la calle Manuel Montt, Cristián Hernández imparte la clase de stretching. El, como ex miembro de circo, es la persona perfecta para guiar a los hombres y mujeres que llegan a la sala preparados para una clase que, aunque no lo parezca, es bastante dura.

Cada alumno tiene una colchoneta ancha –una cama de dos plazas, dice el instructor– en la que se realizarán los ejercicios. Empiezo boca abajo, alineando cuidadosamente mi cuerpo desde el cuello hasta la punta de los pies. Cierro los ojos y respiro. De a poco debo ir modificando las posiciones, siempre consciente de cada parte que está en contacto con el suelo.

Todas las clases se enfocan en una parte del cuerpo distinta. Esta vez, es el turno de las muñecas. Por eso, hago varios ejercicios apoyando todo mi peso en las manos: primero en las palmas, luego en el dorso. Duele bastante. Y cuando me piden que mueva cada dedo es casi imposible. Aguanto la cuenta regresiva de 10 segundos y descanso.

Luego pasamos a trabajar el antebrazo. Aún acostada -y posándolo sobre una pesa rusa (con mango)- lo ‘masajeo’ (sensación más dolorosa que placentera) y hacemos básicos movimientos que llegan directamente al músculo: con la mano de arriba hacia abajo y realizar círculos para ambos lados. En cada paso el profesor va atento corrigiendo la posición para evitar lesiones.

Al final, trabajamos en parejas y es, literalmente, un momento de pura relajación. Mi compañera se pone atrás mío y va mueve mis brazos, hombros y espalda de distintas formas. Lo único que yo tengo que hacer es respirar y decir “hasta ahí” cuando ya no puedo más.

Terminamos con una última elongación y respiración a ojos cerrados. Se acaba la hora y es tiempo de volver a la realidad. Difícil, ya que me siento saliendo de un masaje en un spa. Pero con el beneficio de que, al día siguiente, mi cuerpo está adolorido lo que asegura que sí trabajé.

Dónde: Manuel Montt 264, Providencia.
Horario: martes y jueves a las 9.00 y 13.00.
Instagram: @wolfpack.cl

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