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DESTINO

Explora Hoi An, el puerto de la moda

Por Alfonso Bezanilla 16 Oct, 2018

Declarado patrimonio de la humanidad, Hoi An se ha transformado en un destino imperdible dentro de la ruta del Sudeste Asiático debido a su historia marcada por el comercio entre oriente y occidente y por ser el refugio de cientos de talentosos sastres. Estos son capaces de crear en pocas horas la prenda más sofisticadas, desde trajes a vestidos de seda soñados e irreplicables en esta parte del mundo.

Explora Hoi An, el puerto de la moda Foto: Alamy

“Sir, miss, you want a tailor?, a nice silk dress?, I have a cheap suit ready for you, my friend”. Este ofrecimiento de moda express suena una y otra vez cuando caminas por las calles de la ancestral Hoi An, una de las ciudades más pintorescas y mejor conservadas de Vietnam. Es tan popular entre los turistas por este ‘ADN fashion’ que por eso la han bautizado como “la capital de los sastres del Sudeste Asiático”.

Ubicada estratégicamente en las costas del mar de China -y virtualmente en el medio de Vietnam- tiene una historia con la moda, el estilo y la buena mesa que viene de muchos siglos antes que los mochileros y parejas en plan romántico llegaran a poblarlo.

Hoi An tuvo una primera época de esplendor desde el siglo I, cuando se estableció como el puerto más importante del Sudeste Asiático. Llegó a su peak de relevancia entre el 1600 y 1900, cuando desde el río Thu Bon que cruza la ciudad salían barcos cargados con seda y especies hasta China, para anexarse desde aquí con la famosa Ruta de la Seda, que conecta a oriente y occidente. Por esta razón, la ciudad siempre ha sido cosmopolita con inmigrantes japoneses, chinos, holandeses y franceses. Todos llegaron a hacer sus fortunas y, a la vez, dejaron un sello de buen gusto que se mantiene hasta hoy.

Por todas estas razones, las calles empedradas del casco antiguo de Hoi An están poblados de panaderías donde salen del horno baguettes crujientes, además de sofisticados cafés con pastelería fabricada bajo estricto rigor galo.  Y, lo más importante, zapaterías y talleres de sastrería.

Son decenas y con un ojo entrenado para detectar las últimas tendencias del mercado. Reproducen de manera casi idéntica vestidos, zapatos, corbatas y pantalones inspiradas en catálogos o producciones de moda de revistas como Vogue o Esquire. Fotos que los vendedores utilizan como gancho para atraer a sus clientes.

Y el panorama de hacerse ropa a la medida termina por encantar a todos. Porque aquí el rito se transforma en una aventura en sí misma, donde se gana más la actitud de un pausado mercader veneciano con habilidades para negociar con oriente, que la de un corriente consumidor de 3 cuotas precio contado.

El rito consta de varias etapas. Primero, cotizar y ver pacientemente los trabajos y estilo de cada uno de los sastres que se suceden unos a otros en tiendas gemelas. Luego de entenderse las partes respecto a la prenda que se pretende adquirir, prosigue la compra de materiales, que en muchos casos termina en una caminata de varias cuadas hasta llegar a un enorme galpón abarrotado de telas de todo tipo y calidad. Tras elegir, se vuelve a la tienda donde se toman las medidas y regatean los precios -¡a gritos si es necesario!-, y cuando todos vuelven a ser amigos el trato se cierra con un apretón de manos. Tras este espectáculo viene una espera que va entre las pocas horas y los tres días, dependiendo de la complejidad de manufactura del modelo elegido.

Lo bueno es que hacer tiempo en Hoi An se hace fácil. La ciudad fue declarada Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, por lo tanto recorrer cada una de sus esquinas, sus templos y pagodas es en sí un panorama imperdible. Otra buena idea es arrendar bicicletas y pedalear por pocos minutos hasta la playa An Bang, donde esperan 3 kilómetros arenas amarillas y mar cálido para pasar la tarde bajo un quitasol que disponen los chiringuitos, que ofrecen cervezas marca Saigón heladas y langostas a la parrillla a menos de 5 dólares.

La noche tiene lo suyo y es en la calle principal que bordea al río, donde todo pasa. Aquí están los mejores restaurantes de la ciudad y después de comer se puede seguir con la fiebre de las compras que a esta hora reciben a los clientes con cientos de coloridas lámparas colgantes, las que se ven aún mejor desde los botes que ofrecen paseos con las mejores panorámicas.

Antes de darse cuenta el visitante se despedirá de Hoi An con la maleta cargada -quizás demasiado- de prendas hechas a la medida y con materiales de lujo. Y lo más importante, a una fracción de los precios de occidente.

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