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Paraíso del que todos hablan

Sumergida en Sámara: la playa que viene en Costa Rica

Por Margarita Durán 6 Nov, 2018

Viaje a este balneario de aguas increíbles, palmeras, oleaje suave y donde el descanso es protagonista. Un tesoro al que inversionistas ya le pusieron una atención especial.

Sumergida en Sámara: la playa que viene en Costa Rica Foto: Oksana & Max St John

Jamás pensé que el segundo piso de una discoteca se iba a transformar en mi hogar en mi viaje a Costa Rica. Especialmente después de haber sido invitada a la espectacular y sofisticada fiesta de matrimonio -fuegos artificiales incluidos- en Alajuela, un cafetal soñado a las afueras de San José donde me alojé en un hotel con todas las comodidades posibles.

Pero la fama internacional de las playas ‘ticas’ era demasiado grande para no aventurarme hacia la costa. Y así llegué a Sámara, un paraíso en el Pacífico todavía no explotado por la locura turística del país.

El primer paso fue arrendar un 4×4 en San José. No busquen otra opción de vehículo, ya que los caminos exigen que sea todoterreno para llegar a destino. Segundo paso: revisar los horarios de cada ferry. Moverse hacia la playa sola -sin subirse a una van turística- exige planificación. La información para las barcazas está en la web y, chequeando el estado de éstas no hay esperas eternas para continuar ruta.

Ya frente al volante, mi primera parada es Santa Teresa. Este es el balneario surfer más popular de Costa Rica. Las fiestas, gastronomía y la infraestructura (hoteles, cabañas, posadas y casas) están más desarrollados en esta playa marcada por lo social. Vale la pena quedarse y pasarla bien entre gente que está en ese ánimo y con ganas de conocer al otro. Los extranjeros son protagonistas, tantos los que se han quedado a vivir como los de paso. Esto le da una onda muy internacional a los días de mar y sol.

Luego de mi dosis de fiesta seguí hacia la playa que todos pronosticaban como la futura joya de Costa Rica: Sámara. Nuevamente en el todoterreno manejé un camino 80 por ciento de tierra en el que tuve que cruzar las aguas de dos ríos (¡sí, ríos!), bastantes colinas y curvas. Fui a fines de abril, así que un diluvio tropical me acompañó todo el viaje. Tres horas más tarde estaba llegando. Y me di cuenta de que todo lo que trascendía en el boca a boca sobre este lugar era verdad.

Foto: Oksana & Max St John

Sámara es un pueblito surfista, casi sin turistas. Hay tienditas en las calles, de esas que venden pareos y pulseras, la gran diferencia es que los que atienden no son gringos, sino que ticos. Gente local increíblemente amable.

El ritmo de vida es particularmente reposado y sin una lista organizada de actividades que cumplir como turista. Todo pasa en las cinco cuadras de su playa.

Para hospedarte, en el balneario hay dos hoteles bastante simples. También hay posadas con ventiladores y baños compartidos. Dado a que la temperatura no baja de los 34 grados, busqué un sitio con aire acondicionado y baño propio; el lugar resultó ser el segundo piso de una discoteca. Lo que no parecía una buena idea, terminó siendo la gran anécdota del viaje con noches que se apagaban a las dos de la mañana a ritmo de reggaetón.

La vida de playa en Sámara es un ‘sin tiempo’. Antes de tomar la toalla e ir a reposar debajo de una palmera hay que probar el clásico desayuno con gallo pinto (arroz con porotos sazonados y un detalle de cebolla) y un café increíble (calidad segura en todo lugar). Ya instalada, vienen los cocteles al lado del mar en el restaurante Lo que Hay (título que lo describe todo). La gastronomía es simple y se basa en vegetales, frutas y pescados frescos; y como en toda Costa Rica los platos pueden ser acompañados por una botella de salsa Lizano. Algunas posadas también incluyen en sus cartas sushi y curry. El único que agita a las turistas es un guapo sudafricano que vende jugos y smoothies en un carrito.

El surf y las clases que imparten los lugareños es la mayor actividad. Recién están habilitando algunos campos tropicales cercanos para hacer rutas de trekking organizadas ya que, hasta el momento, la reserva privada Werner-Sauter concentra la demanda del pueblo por conocer sus plantaciones de mango y ver la juguetona fauna de monos. Otra visita cercana es a la Isla Chora, que mantiene el panorama de “hacer nada”, más que cambiar de vista, cuando se llega en bote o kayak. Opciones acotadas y que reafirman el lema de los visitantes de Sámara: descanso pleno.

Si te entusiasmaste con las tablas y mar de Sámara te parece muy suave, puedes caminar media hora hasta la playa Buena Vista por oleaje más desafiante. También está Carrillo, cinco minutos en moto, para bañarte en las aguas más limpias de Costa Rica.

La belleza de este lugar y su potencial ya está atrayendo a algunos inversionistas de la famosa Nosara, playa hippie chic por excelencia (una especie de Tulum de Costa Rica) que está ubicada sólo a una hora. Se quieren instalar en Sámara antes que nadie y esperar a los potenciales visitantes con el clásico saludo “Pura Vida”.

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