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The Tea Experience

De Kandy a Nuwara Eliya: la salvaje ruta del té en Sri Lanka

Por Belén Reyes 12 Nov, 2018

Entre cascadas, animales nativos y montañas se despliega este recorrido realizado por la bloguera de Saliendodeviaje.com (@saliendodeviaje). Ella nos cuenta cómo se dejó envolver por la historia y singularidad de esta tradicional bebida.

Cuando decidimos viajar a Sri Lanka, buscamos postales poco saturadas por turistas y de paisajes que –al menos- parecieran no haber sufrido una intervención tan dramática. Y, afortunadamente, los encontramos. Pero más allá de nuestro plan, sabíamos que una travesía por ese país no estaría completa sin aquello que los viajeros denominan tea experience. Esta isla de Asia -que durante el periodo de colonización incluso recibió el nombre de Ceylán- es mundialmente conocida por sus plantaciones de té. Eternos campos productivos en un entorno montañoso, donde el verde, las cascadas y los animales (como leopardos y monos) invitan a una travesía irreplicable en otro punto del planeta.

Nuestra tea experience comenzó bajo un sol abrumador en Kandy, localidad con bastantes atractivos turísticos como El Jardín Botánico Real, la laguna artificial y diversos templos. La primera parada fue en Storefield Tea Factory con foco en la producción artesanal, por lo que se puede ver un tipo de trabajo con maquinaria mínima y algo antigua.

Allí conocimos los procesos por los que pasan las hojas de té, previamente cosechadas a mano, hasta que llegan a la mesa. Aprendimos cómo las de mejor calidad son seleccionadas para la producción de té de exportación, mientras que las otras son destinadas al consumo local. También lo que se considera top of the line, té blanco y dorado, que se envía a Inglaterra.

Storefield Tea Factory no cuenta con plantaciones propias, sino que compra las hojas a agricultores de los alrededores. Tras cumplir con el recorrido de sus instalaciones, el siguiente paso era evidente: la degustación de las variedades de té. Nos llevaron a un salón donde nos recibieron con ocho tazas que correspondían a los diferentes tipos de hojas que comercializan, tales como té blanco, dorado y negro. Este fue el momento que reservamos para nuestros sentidos, descubriendo los diferentes sabores y aromas que se desprendían de cada variedad. Momento en que, de verdad, aprendimos a distinguir los atributos que hacen de un té una bebida de buena calidad.

Y como “nada es gratis en esta vida”, desplegaron toda su oferta para que compráramos algo. Así aparecieron más variedades, algunas frutales y otras un tanto exóticas que pedimos probar. Finalmente, salimos con paquetes de té Ceylán con vainilla y té con notas frutales que costaban 3.300 LKR cada uno, es decir, cerca de $13.500.

Como Storefield Tea Factory hay muchas otras plantas productoras en el camino, cuyo servicio era prácticamente el mismo: paseo por instalaciones y degustación de té. Ninguna de éstas cobra por ingreso, sino que su negocio se basa en la venta de sus productos.

Avanzando en nuestro recorrido, primero en auto y luego en tren, se hizo cada vez más evidente que la principal actividad laboral de la zona era la producción de té: por donde se mire las laderas están cubiertas de plantaciones. Es una paleta de colores que entremezcla un verde intenso con un armarillo muy brillante. Paisaje al que se suma la aparición de uno que otro animal -para nosotros exótico- y gran cantidad de cascadas, convirtiendo al trayecto en una postal soñada.

La siguiente parada fue Nuwara Eliya, localidad que lidera la producción de té en el país. Allí visitamos Pedro State Tea Factory, muchísimo más moderno que el anterior y con varias hectáreas de plantas de té. ¡Justo lo que queríamos! Así que tomamos nuestras cámaras fotográficas y caminamos por un largo rato entre esos campos. Estábamos en la fiel imagen de lo que es Sri Lanka.

Al terminar fuimos a una degustación y, ya expertos, dimos nuestro veredicto: el té dorado es por lejos el mejor. Al probarlo adviertes inmediatamente su pureza, calidad y aroma inclinado hacia las notas dulces. Obviamente su precio es mucho más alto, aproximadamente 9.000 LKR por caja, unos $37.000.

Luego de este recorrido retomamos nuestro plan, pero con la sensación de satisfacción de haber vivido una ruta que no sólo es recomendable para los amantes del té, sino que para cualquier viajero que quiera perderse en un paisaje de belleza única e inolvidable. De plantaciones y naturaleza salvaje.

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