Cerrar
Cerrar publicidad
Cerrar

Jingdezhen

En tren bala a la cuna de la porcelana china

Por Camila Pino Gay 2 Ene, 2019

La artista plástica Camila Pino Gay (36), cuyo trabajo más conocido se centra en la representación de objetos cotidianos en porcelana, fue hace un par de meses a exponer a China. Un viaje inolvidable, no sólo por atreverse a exhibir su obra ante esos exigentes ojos asiáticos que valoran la meticulosidad, sino que también porque emprendió hacia la milenaria ciudad que concentra la historia de esta fina loza y que hoy atrae a estudiantes occidentales que buscan aprender su técnica y misticismo. Aquí su experiencia y fotos.

Semillas de maravilla en porcelana.

Parecen verdaderas pepitas de maravilla, idénticas a las que Ai Weiwei incluyó en una de las obras de su gran exposición que lo trajo a Chile. Y las mías, en su bolsita, me recuerdan uno de los viajes más especiales que he hecho, ya que estas semillas que parecen reales me las regaló espontáneamente un maestro en su taller en Jingdezhen, la cuna de la porcelana China. No compartíamos el idioma, tampoco cultura ni historia, nuestro gran puente era el amor por este arte milenario.

Llegué hasta esa ciudad sólo apelando a mi coraje. No sé nada de ese idioma y ellos no entienden ni pizca de inglés, pero luego de presentar en octubre pasado mis piezas de porcelana en la exposición Lost and Found en la galería Urbancross de Shaghai, tenía que aplicar valentía e ir al lugar donde empezó la fiebre por el “oro blanco”.

Exposición Lost and Found en Shaghai.

¿Luces de rascacielos modernos? No. ¿Pandas? No. ¿Mujeres chinas flotando en sedas? No. Jingdezhen como ciudad no es un destino de ensueño, incluso, sus calles se parecen a aquella cara menos amable de Santiago: gris, de bochinche comercial y edificios antiguos básicos. Pero el tesoro está allí, escondido en sus calles, y es fascinante. Sólo hay que sacarse el prejuicio de la primera impresión y lanzarse a caminar por sus calles. Por algo la Unesco la designó como enclave creativo mundial.

Cómo ir: La manera más fácil y directa desde Shaghai es en tren bala. Un viaje que demora tres horas y media -para más de 550 kilómetros- y que cuesta 100 dólares aproximados por un boleto ida y vuelta. En mi caso, salí a las 19.30 y llegué a medianoche. Es la opción más express, pese a que el tren hace varias paradas antes de finalizar en Jingdezhen. Prepárense para ser las únicas extranjeras en su carro. La gente mostrará su cara gentil y hasta te guiará cuando, de un momento a otro, se paren todos al mismo tiempo para girar las corridas de asientos. Te puedes pasear sin problema por los vagones y tomar algo en el coche comedor. Cada estación se va anunciado en chino e inglés por una pantalla, que también exhibe un mapa de la ruta. Ya en la ciudad, se van a encontrar con muchos taxis esperando pasajeros. Como mi ticket era para arribar de noche, coordiné antes un chofer para que fuera a buscarme. Todo es seguro. Eso sí, hay pocas coordenadas en internet, por eso hay que saber de antemano que existen dos estaciones y que esta es Jingdezhen Norte (la principal).

Tienda de porcelana cerca de la Plaza del Pueblo.

Tiendas (talleres): La delicia de esta ciudad. Nuevamente hay que tener ojo, porque las más interesantes no aparecen en guías como Tripadvisor. Afortunadamente fui bien aconsejada antes de llegar y pude visitar las tiendas-talleres de porcelana que se ubican en la cercanía de la Plaza del Pueblo (tomen la rotonda como referencia), principalmente en la calle Lianshe. Allí podrás pasar horas y horas viendo a los maestros trabajando con sus pinceles y los materiales. Ellos te atienden de manera amable y no tienen problema -pese a que no hay idioma que te conecte con ellos- a que veas sus técnicas. Si te tientas y quieres traer alguna de esas piezas especiales, lleva siempre efectivo. Como en toda China, se da el juego del regateo, ellos te muestran el precio en una calculadora y de allí. Se paga en moneda local, Yuan.

Panoramas: En Jingdezhen todo -¡TODO!- gira en torno a la porcelana. Hay paseos a las canteras para ver de dónde se extrae la base de la porcelana. Y en la ciudad busca la calle Chaoyang (pasada las tiendas de la Plaza del Pueblo), aquí están los materiales -de brochas exquisitas a tinturas, herramientas y otros artículos únicos- que utilizan para trabajar. Siguiendo por esta vía lo segundo que encuentras es Taoxichuan Ceramic Art Avenue, un lugar de antiguas fabricas de porcelana remodeladas donde puedes encontrar cafés y tiendas de ropa ademas de las zonas patrimoniales.

Museo de la Porcelana.

Sí o sí hay que visitar el Museo de la Porcelana. Gigante. Para recorrerlo por horas. No es barato (9 mil pesos la entrada), pero además de sus salones con muestra de obras todo tipo de dinastía china, también podrás disfrutar de un parque con lago, donde ensayan bandas tradicionales. Ideal es estudiar un poco antes sobre sus exposiciones, ya que no hay audio guías. Sí tienen videos para mostrar distintas técnicas y formas de trabajo.

Otra experiencia es el Nuevo Instituto de Porcelana. Es la institución universitaria más importante de la región. Es un centro del alto nivel donde enseñan este arte. Sus dimensiones son tan grandes que tuve que moverme en moto para visitar algunos talleres. Fui con la ayuda de un grupo de franceses, que estaban de intercambio desde Limoges, la cuna de porcelana de su país. Ellos son parte de la nueva oleada de occidentales que llega a Jingdezhen a conocer más de su técnica. Estos mismos extranjeros ya están dejando su marca en algunos artistas locales que idean productos con un concepto más moderno. Muchos de estos últimos se ubican el distrito artístico Tao Xi Chuan.

Montañas de Jingdezhen.

Si eres fan del outdoor, un clásico es una caminata por la Montaña Gaoling. Recorre la ruta de la porcelana, la misma que hacían hace siglo los comerciantes y quienes iban en busca de la especial arcilla para crear las futuras obras de “oro blanco”. En la ruta hay varios monumentos que marcan hitos en esta historia milenaria.

En la cima del Monte Pearl está el Dragon Pearl Pavilion, sitio que es sinónimo de la dinastía Ming ya que aquí estaba la fábrica para sus finas porcelana. Los arqueólogos siempre están trabajando en el área buscando más tesoros de esa era imperial.

Moverse: ¿Otra aventura? Yo me moví en micro. Sí, sin problema, porque tenía los recorridos claros con anterioridad. ¡El pasaje cuesta 100 pesos! El taxi también es de un precio abordable, incluso, más barato que en Chile.

Quedarse: Reservé en un hostal. No fue fácil, porque muchos no aceptan a extranjeros, sólo reciben a chinos (todavía la razón es un misterio para mí). Si esa es tu opción, recomiendo el International Youth Hostel porque está pensado para el turismo, cerca de tiendas de porcelana con su paseo Paseo Pottery Workshop (distintas a la de la Plaza del Pueblo) de la calle Chaoyang y de la feria del sábado (un tipo de ‘Persa Biobío’), que es una atracción para los propios habitantes locales. Hay hoteles y no son nada de caros, pero hay que considerar los lugares por los que quieres moverte. En mi caso, iba por la porcelana.

Tienda de materiales para porcelana de la calle Chaoyang.

Gastronomía. Si eres vegetariana como yo puedes tener problema, porque cuando les decía “no meat” (no carne), los chinos se ponían nerviosos y me pedían irme. Es porque Jingdezhen no es turístico y no saben cómo manejar la situación con los extranjeros. No te preocupes, la comida en la calle está llena de delicias, entre éstas futas y jugos. Y si te atreves a lo picante, estarás feliz de probar la gastronomía de la ciudad. No tendrás estrellas Michelin en tu bitácora, sí muchas experiencias entretenidas.

Dato importantísimo: No existe internet. Por eso es bueno descargar mapas con anterioridad. Pantallazos con datos y tener apps offline. En China manda la app Wechat, es una comunidad con su propio whatsapp, Instagram (que llaman momentos) y hasta QR de pagos. Alerta con los productos falsos y que te dicen que son centenarios, estos generalmente te los ofrecen en la feria del sábado.

También puede interesarte

Lo más reciente

CABELLO

Pelo a prueba del verano

Todos sabemos que el pelo no se quema como lo hace nuestra piel, pero el sol y…

Por Lía Klarmann
cerrar