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COLUMNA

Recuerdos del Sí y del No

Por Mariana Aylwin 3 Oct, 2018

En esta columna Mariana Aylwin recuerda los días de campaña y el propio 5 de octubre. Aborda el impacto del proceso en su familia y, también, el relevante papel en el triunfo del NO de las mujeres y la exclusión de ellas en el Comando del NO. Algo que en estos días sería “impresentable”.

Foto: AgenciaUno

Mi hija de 14 años me dijo: “Voy a salir con Diego”. Y agregó rápido para que pasara piola…. “Pero él es del Sííí”. Era como notificar que iba a salir con el enemigo.

Nuestra casa era bastante politizada (mi padre era el líder de la campaña del NO), pero crecimos en un ambiente de respeto. Además, en nuestra familia había de todo. Mi suegra circulaba con propaganda del SÍ y nosotros andábamos con chapitas, poleras y cintas del NO. Me acuerdo de los turnos que hacía al colegio cuando empezó la franja electoral. Mi auto lleno de niños chicos cantando la canción La alegría ya viene que, en un acto reflejo, dejaban de entonarla cuando veían a un carabinero.

La franja fue tan importante que no sólo tiene una película (con harta ficción), sino que en el imaginario también quedó grabada más allá del plebiscito. Hace unos días un alumno de colegio frente a la pregunta de qué había pasado el 5 de octubre de 1988 respondió: “Ganó la franja del NO”.  Confieso que el profesor no parecía saber mucho más tampoco.

Eso me da pena. Porque si hubo un hito importante en la vida de millones de chilenos de mi generación fue el triunfo del NO. O, más bien, la derrota del SÍ. De lo contrario, Pinochet habría seguido ¡ocho años más en el gobierno! (y ya llevaba quince).

Hoy suena estrafalario -al menos en Chile, aunque no en todas partes- que donde la democracia no funciona bien, los presidentes suelen intentar reelegirse varias veces. A Evo parece que después del fallo de la Corte de la Haya no le va a resultar un cuarto período. Ojalá sea así, por el bien de los bolivianos. Porque el perla le consultó al pueblo si querían que fuera candidato de nuevo, le contestaron que no y entonces, sin pudor alguno, argumentó que se le estaba conculcando su “derecho humano” a ser candidato otra vez. En todo caso, peor es Maduro en Venezuela. Así pasa cuando la democracia no funciona.

Pero volvamos al plebiscito y la campaña. Durante un par de meses recorrí varias ciudades. Ibamos en micro. Las mujeres éramos bien aperradas, aunque hoy no aparezcamos en ninguna foto. El comando del NO lo integraban sólo hombres, algo que hoy también parece impresentable. Pero igual hicimos nuestro propio comando.

Recuerdo una ocasión en que, después de haber recorrido plazas y poblaciones, decidimos volvernos en tren desde Talca con la ‘señora’ Marta Cruz Coke (que yo encontraba vieja, pero que era menor de lo que soy yo ahora). Se suponía que el tren pasaba a las 11 de la noche. A las 3 de la mañana yacíamos en la estación solas y muertas de frío. El tren simplemente no pasó, no es que se nos pasó… Así funcionaban muchas cosas esos días. Al alba decidimos caminar al terminal de buses.

Ese 5 de octubre amaneció soleado. Me vestí primaveral y salí temprano de mi casa a votar. Dejé a mis hijos con una amiga, porque el resto del día mi compromiso era estar en un local de mujeres en la comuna de Pedro Aguirre Cerda. Había que verificar que en cada mesa hubiera alguien del NO, ya que temíamos un fraude.

Las mujeres en largas filas se veían impenetrables. ¿Qué votarían? Pero se respiraba esa dignidad republicana de las elecciones. Cuando se inició el conteo de votos, anotábamos en un papel los resultados de cada mesa y un joven en su bicicleta los llevaba a un lugar de la comuna, donde había un teléfono, para informar a la central de cómputos.

Hoy miro las imágenes en blanco y negro de ese día y, con emoción, rememoro el silencio de las calles vacías cuando terminó la jornada y caminamos esperanzadas hasta la Alameda pensando que tal vez había ganado el NO.

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