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De lo negativo a lo positivo

Por 5 Nov, 2018

Nuestra columnista nos habla sobre su ejercicio para cambiar la forma de hablar y ver las cosas. De permitirse un mal día, pero aprendiendo de ese espacio emocional, superarlo y poder darle un giro.

Foto: Francisco Rocha

Desde chica en mi casa me enseñaron a ver las cosas desde todas las posiciones, a debatir y argumentar nuestras posturas y escuchar las otras también. Mi papá es una de las personas que más saca lo positivo de lo negativo. Siempre nos dijo que no hay que ver el problema si no que ver SO-LU-CIO-NES. Y fue una de las primeras cosas que me repitió en una de las conversaciones en la clínica después de mi accidente.

Tras dos años estoy logrando adaptarme a esta posición en que me puso la vida, digo “estoy” porque que me sigue faltando más confianza; pero creo que voy bien. Ya sé cómo hacer la vida en este cuerpo y bien. Y podría decir que estoy feliz.

Pero como todo el mundo tengo días malos, que no tienen por qué ser más malos que los de ustedes. Son días malos no más, en los que no me importa todo lo que he logrado. Días en que quisiera mis piernas de vuelta y que desaparecieran mis constantes dolores. Días en que pudiera dejar de sentir que me arden las piernas, que no se me quemen más porque ¡pucha que sería tanto más agradable estar en esta condición sin dolores! Días sin sentir la placa que me fija la columna rozando mi piel. Días en que se esfumara esa fuerte presión en mis costillas, como si me estuvieran abrazando constantemente de una manera poco agradable.

Quiero correr, quiero poder subir de una al auto sin tener que armar y desarmar una silla. Deseo salir rápido de mi cama cuando se me quedó por hacer algo antes de dormir. Esos pequeños actos tan básicos que para mí son como correr un maratón.

También me encantaría bailar, jugar fútbol con mis sobrinos, tirarme en una ‘bombita’ en la piscina, pegarme un carrete de esos como los de antes. No tener que dejar algo que hacer porque estoy en una silla -y no todos los lugares están hechos para ella-. Me gustaría saber cómo hubiera terminado mi día, mi semana, si no hubiera tenido el accidente. O sea, tener alguna idea de mi vida si no hubiese perdido la mitad de mi cuerpo. Quiero de vuelta todo el tiempo que dejé ir por esta lesión.

Y así podría seguir con quiero, quiero, quiero…, porque en eso consisten mis días malos: en darme el tiempo para extrañar mi vieja vida y esas cosas que tanto añoro de vuelta. Porque no tiene nada de malo tener un día triste. No hay que tener vergüenza de permitirte un tiempo para el dolor.

Pero no me quedo ahí, no en ese lugar y pensamientos. Esa no es una posición para mantener. Entrenemos nuestra mente para ver lo bueno de cada situación. Todos los días son nuevas oportunidades, nuevas perspectivas. No nos quedemos en el “no puedo”, sino que tomemos el “cómo puedo”. Busquemos SO-LU-CIO-NES y no nos estanquemos en el problema.

Bernardita Santa Cruz

Bernardita Santa Cruz tiene formación en Diseño y en su popular cuenta de Instagram pone su ojo en belleza, moda y estilo de vida. En Mujer Dínamo enfocará sus columnas en temas de inclusión.

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