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COLUMNA

Los niños no mienten

Por 2 Dic, 2018

Sobre el refugio de amor y espontaneidad que ha encontrado en sus sobrinos y de sus sueños a futuro escribe esta semana nuestra columnista.

Los niños no mienten

Siempre me han encantado los niños, la energía e inocencia que entregan. Tengo nueve sobrinos que adoro y con los que siempre he tenido una relación muy cercana y, para ellos, creo que divertida. Ocho me conocieron antes de mi accidente y han sido parte de todo este proceso.

Fue duro ver el miedo en sus caras al verme en la clínica conectada a decenas de cables y sin poder moverme. Uno de ellos, recuerdo bien, con quien siempre he tenido un feeling especial, expresaba su impresión con todo lo que estaba pasando con miedo al visitarme; tanto que evitaba acercarse a darme un simple beso.

A pesar de que recordar eso me sigue angustiando, más poderoso e increíble es ser testigo de cómo ellos mismos son capaces de transformar hasta lo más complicado en algo bueno. Ya no puedo jugar futbol con ellos, ni bailar como lo hacíamos antes, pero siempre están buscando qué hacer conmigo, su tía entretenida. Son también los que al verme llorar de vez en cuando se acercan a darme un abrazo y a decirme que no es necesario que tenga pena, que soy “exagerada” y que me veo de lo “más normal” y “linda”.

Los desafíos que esta lesión me ha impuesto no son pequeños y no trato de minimizar las situaciones con las que tengo que lidiar. Pero, una vez más, elijo destacar las cosas buenas de mi vida. Entre ellas, y fundamental, es el amor que me entregan mis sobrinos. Sabiamente, encuentran la manera de eliminar las barreras, las dificultades y las cosas que no puedo hacer. Mi accidente no les ha quitado las ganas de querer estar conmigo. Son niños de no más de diez años que, cuando me ven en mi silla de ruedas, se me acercan de lo más confiados para ofrecerme ayuda. Es muy tierna y divertida la situación de ver a estas ‘pulgas’ chicas preguntándome: “¿Te ayudo?”. Es demasiado lindo escucharlos hablar muy en serio, aunque midan apenas un metro y no tengan la fuerza física para levantarme.

Escribiendo esto aparece otro recuerdo hermoso: mi sobrino de seis años, que me acompañaba a peinarme en el baño, de repente, me abrazó y con un tono dulce y cuidado -supongo que para no hacerme sentir mal- me dijo que extrañaba que yo caminara. Luego, tocándome la cara suavemente con sus manos, me aclaró: “De vez en cuando, pero no siempre”. Terminó su frase y me pidió el celular para que pusiéramos música y bailáramos. Así lo hicimos.

Cada uno de mis nueve sobrinos me entrega algo diferente. Me transmite su cariño de distintas maneras. Algunos se pelean por usar mi silla y los más chicos, acostumbrados a verme en ella y conscientes de que me es difícil levantarlos del suelo, se trepan a mi hasta llegar a mis brazos. Todo con una máxima naturalidad.

¿Puedes tener hijos? Es una pregunta que suelen hacerme los hombres. Mi lesión impide que mueva mis piernas, pero no impide que tenga una vida sexual ni tampoco me priva de tener hijos. Antes y después del accidente, ser madre ha sido uno de mis sueños. La diferencia hoy es que esa imagen de mí misma con niños ha cambiado. Sé que será diferente a cómo lo pude haber imaginado muchas veces, porque he conversado con mujeres que están en una situación similar a la mía y han sido mamás. Pero también sé que los niños se adaptan a las condiciones en que crecen, no juzgan y admiran.

Tengo fe en que mi discapacidad no va a influir en lo buena mamá que quiero llegar a ser, ni en el amor que voy a sentir y entregarle a mis hijos. Solo será de una manera diferente, asunto que no tiene por qué ser malo. Todo lo contrario.

Bernardita Santa Cruz

Bernardita Santa Cruz tiene formación en Diseño y en su popular cuenta de Instagram pone su ojo en belleza, moda y estilo de vida. En Mujer Dínamo enfocará sus columnas en temas de inclusión.

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