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COLUMNA

No hay tiempo

Por 31 Dic, 2018

Cada Año Nuevo es tradición poner todas las esperanzas en el año que viene. Sin embargo, la última vez que hice ese ejercicio mental fue en la transición de 2015 a 2016.

No hay tiempo

La última vez que puse mi fe en un Año Nuevo fue el 2016.

Me acuerdo como si fuera ayer estar en la playa con Pablo y Xavier, mis mejores amigos, pasando el que sería mi último Año Nuevo con mis piernas sanas. ¡Qué buenos recuerdos! Pero, a pesar de todas las ganas y esperanzas de que ese ciclo que comenzaba fuera luminoso y lleno de posibilidades, ese año me golpeó, me decepcionó: fue el año en que mi hermana chica enfrentó un cáncer. Los buenos pronósticos y su disposición permitieron seguir siendo optimista, feliz y estable. Las cosas se fueron ordenando, pero luego vino mi accidente.

El 2016 me golpeó de la peor forma, me paralizó. Desde entonces me asusta muchísimo dejarme llevar por la emoción y la ansiedad que genera esta fecha. Me asusta ilusionarme por cosas que no se concreten ni resulten de la manera en que las he imaginado. Me asusta ser consciente de que aunque no cumplo 30, y podría decir que tengo toda una vida por delante, lo cierto es que NO HAY TIEMPO. Lo único que tenemos es el presente que hay que disfrutar con la mejor sonrisa. Aprovechar cada momento y a las personas que queremos.

Ese primer Año Nuevo tras mi accidente pasé la noche de brindis, baile y abrazos sola en la pieza de la clínica. Fue lo que decidí. Les pedí a mis amigas que no se preocuparan, que se sintieran libres para irse fuera de Santiago a celebrar. Lo mismo conversé con mi familia. Necesitaba estar sola, llorar sola, sentir mi pena, descansar, no tener miedo. Me era urgente concentrarme en la idea de que estaba saliendo del peor año de mi vida. 2017 fue un año que viví inseparable de mi lesión. Ese año se sentía tan cerca de lo que me pasó. Fue el tiempo de relacionarme desde cero con las nuevas condiciones de mi cuerpo, de aprender asuntos básicos para lograr autonomía y de trabajar en dominar el miedo y hacer parte de mí convivir con el dolor físico 24/7. Tenía que ponerme al día constantemente sobre lo que me estaba pasando.

En el 2018 avancé hasta conocer otro lado de mi dolor, encontré el sentido de control de mi vida y mi cuerpo con muchísima más confianza.

Hoy puedo decir que tengo CALMA. Calma de dejar un año atrás sin sentir pena por el final. Calma al esperar un nuevo año y contar con la claridad de saber lo que logré. Calma de poder decir que quiero avanzar sin miedo y llenarme de entusiasmo por lo que viene, pero sin ansiedades ni expectativas. Hoy prefiero la CALMA. Creo que abordar así el futuro permite que el inicio de un nuevo ciclo sea más acogedor.

¿Qué quiero para 2019? Agradecer el día a día, pasarlo bien y reír muchísimo. Tener en cuenta que no hay tiempo y aprovechar las oportunidades. Para tener cosas que contar hay que probar cosas nuevas. Estar cerca de la gente que me quiere y que quiero. Parar de quejarme y, en su lugar, sentirme satisfecha y agradecida. Y, demasiado importante, recibir el nuevo año sin dejar atrás a las personas que ya no nos acompañan, porque siempre estarán con nosotros y nosotros con ellos.

¡Feliz Año Nuevo!

*Dedicado a Delia Moreno, con mucho amor.

Bernardita Santa Cruz

Bernardita Santa Cruz tiene formación en Diseño y en su popular cuenta de Instagram pone su ojo en belleza, moda y estilo de vida. En Mujer Dínamo enfocará sus columnas en temas de inclusión.

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