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COLUMNA

Deja las expectativas en casa

Por 11 Ene, 2019

Nuestra columnista Paz Bascuñán nos relata su primera vez en Isla de Pascua y reflexiona sobre lo deliciosas que pueden ser las vacaciones si te permites sorprender.

Deja las expectativas en casa

La primera vez que vine a Isla de Pascua tenía 19 años. Estaba sin panorama de verano, hasta que una amiga del alma me insistió que cabía en la casa que le habían prestado a su papá por una semana.

Rompí el chanchito del año de animaciones de cumpleaños, compré el pasaje y me aventuré.

Más allá de los moai, no sabía mucho de la isla y mi primer impacto fue cuando crucé la puerta del avión ya aterrizado en pista Rapa Nui. ¿Qué es este olor tan delicioso? ¿De dónde viene? ¿Es una flor? ¿Es una fruta? ¿Es el viento de por acá que huele a algodón de azúcar/piña/ rosa? Una preciosa mujer me puso un collar de flores en el cuello a la usanza del recibimiento local, interrumpiendo mi estado de ‘perro queriendo seguir el rastro’, de ese aroma tan especial.

Agarré mi mochila y salí a la calle dispuesta a encontrar la casa que me albergaría esa semana.

Vi caballos transitando, motos, una que otra bicicleta, quizá un auto. Sabía que tenía que ir en dirección a la iglesia así es que en un estilo semi haciendo dedo, semi turista perdida, completamente joven inconsciente libre de prejuicios paré a un chico rapanui que iba a caballo y pelo al viento. Le expliqué mi destino. Por toda respuesta me preguntó si estaba “indispuesta”. ¿Indispuesta? ¿A qué se refiere con indispuesta? ¿Si estoy mal de salud? ¿Jet lag? ¿¡¡¡Si estoy con mi periodo!!!? Un poco invasiva la pregunta como para hacérsela a la turista que se viene bajando del avión, pero cómo no estaba “indispuesta” en ninguno de los sentidos posibles contesté que no, él replicó con seguridad y economía de lenguaje: “Entonces, súbete”.

Y me subí al caballo.

Llegué sana y salva a la casa donde estaba mi amiga. No me quedé una semana, sino dos meses y prendada de la Isla de Pascua para toda la vida. Ya perdí la cuenta de cuántas oportunidades he venido. Sólo sé que siempre que llego es como la primera vez, sin ninguna expectativa.

Estoy convencida de que las expectativas son mala compañía para las vacaciones. Vayas a la vuelta de la esquina o a la punta del cerro, déjalas en la casa y lleva contigo solo apertura de corazón para recibir cada lugar: su gente, su comida, su música, sus árboles, su arena, su barro, su cielo, sus nubes, su olor, su belleza y también, ¿por qué no?, sus miserias. Lánzate a la experiencia y déjate sorprender para que cuando vuelvas a tu casa te haya crecido el corazón.

De eso se tratan las vacaciones, ¿no? Crece la talla del pantalón con el pan amasado, que crezca también la talla del corazón con el paseo andado. ❤️🙌

PD: Hay quienes dicen que si montas un caballo y estás con tu periodo menstrual, al caballo se le cae el pelo. 🤔

Paz Bascuñán

Actriz de teatro, cine y televisión. Mamá.

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