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COLUMNA

De mechas y guerrillas

Por 7 Feb, 2019

El afamado peluquero relata la vida de una hija de revolucionarios que llega a su salón en su propio acto rebelde. Pero lo que la movía era una causa perdida.

De mechas y guerrillas

Desde pequeña para Violeta su vida fue una aventura, hija de guerrilleros sandinistas redimidos, hoy, por insólitas historias que suceden a los humanos, estos padres descansan su tercera edad bajo verdes árboles en alguna parcela de Lo Cañas.

Los primeros años de Violeta fueron en Montevideo, lugar donde vivían sus abuelos. A medida que fue creciendo, estos adorables viejos la llevaban por librerías donde felices hojeaban literatura infantil. Juntos caminaban por largas ferias de libros viejos y el olor que emanaba de ellos era algo que la fascinaba. Estos especiales e intelectuales paseos se hacían más atractivos cuando llegaban a mercados llenos de cachureos vintage, traídos a comienzo del siglo XX por inmigrantes italianos y judíos.

El día de su cumpleaños número 12, en un fatal accidente mueren sus abuelos quedando en una terrible desolación poco entendible a su edad, y a la deriva de algún pariente que se ocupara de ella.

Así fue creciendo Violeta, como una niña diferente, sin sus amados abuelos y con padres ausentes que en pos de la justicia se olvidaron de ella.

Fue una nómade a quien le tocó emocionalmente sobrevivir como pudo. Vivió de casa en casa, sin embargo, esto no la privó de desarrollarse. Era una niña brillante.

Pasado el tiempo y ya joven autónoma, terminó radicándose en La Habana Vieja. Cuba fue el lugar donde finalizó sus estudios, egresando de la escuela de Medicina donde se destacó por su peculiar sentido de solidaridad e inteligencia.

En La Habana pudo coordinar el reencuentro con sus padres, quienes habían colgado el fusil hacía un tiempo y llegando a la isla quizás de qué lugar de esta América morena.

Violeta, desde su experiencia de vida tan fraccionada y con padres tan ausentes y potentes a la vez, era predecible que frente a sus ojos ellos fueran una suerte de héroes de historietas, pasando por sobre su experiencia de abandono. Aunque en lo personal había una herida necesaria de sanar.

Tanta ausencia y tanto padre héroe, hizo que su autoestima se viera afectada.

Si no ella era la mejor en lo suyo, experimentaba una gran frustración. Si no solucionaba los problemas de los otros, sentía una culpa feroz. Había una necesidad de reconocimiento y de ser validada.

El vivir con sus papás hizo que estallara dentro de ella una fuerte compulsión por transformarse en la salvadora del clan. Necesitaba demostrar a su tribu que también era bkn.

Comenzó a organizar su traslado a Santiago de Chile. Le habían hablado de este lugar y sabía que por este lado de la cordillera las cosas funcionaban bien, más aún en medicina.

No pasó mucho para pisar tierras chilenas. Al poco tiempo de su llegada, formaba parte del staff de doctores de una importante clínica de la capital. Y cuando se sintió asentada en el país buscó ginecólogo, dentista y, por supuesto, a su peluquero.

Al poco tiempo de conocernos -y ya siendo parte de mi universo de pacientes- nos hicimos amigos. Había algo recurrente en sus conversaciones: siempre aparecía el tema de traer a los suyos con ella. A veces me parecía casi como una obsesión. Ella se sentía responsable de la vida de sus padres, algo que, sabiendo su historia, me parecía algo especial.

Así lo hizo, trajo a vivir con ella a su singular familia.

En una de sus últimas visitas a la pelu vi a Violeta triste y desconcertada. Si bien hacía lo inimaginable para el bienestar de ellos, sentía que no agradecían tanto sacrificio.

Aquel día se sentó en mi estación de trabajo como es lo acostumbrado, pidiéndome un cambio total en su pelo.

Lo necesito. Ya no más pelo oscuro, ¡desde hoy iré por la vida rubia, como la más! Y este largo odioso tampoco lo quiero llevar, córtame.

Fue casi una orden. Me pareció que su decisión y necesidad de cambio tan extremo iba mucho más allá.

Dejé pasar un rato, preparé un té blanco y la invité a que juntos hiciéramos un ejercicio de respiración. Algo que ocupo cada vez que percibo a un paciente en estados emocionales vulnerables. A así, sin más, le pedí que me escuchara.

– Violeta, ¿sabes por qué te sientes tan afectada y frustrada por tu familia en relación a lo que les entregas…?

Mi paciente me miró con sus enormes ojos amarillos, como una niña pequeña y desvalida. “No”, me contestó.

– Porque todo lo que das, lo haces desde tu abandono, desde tu carencia, no desde el amor. Y eso hace que todo lo que puedas entregar nunca será suficiente. Es necesario amarte, aceptando lo vivido, aceptando a tus padres en la realidad de quienes son.

Mi reflexión fue asombrosa para ella, nunca lo había sentido de esa manera, ni siquiera se lo había planteado.

Hoy Violeta continúa con su pelo oscuro y largo, intentando abrazar lo que le tocó vivir.

Francisco Llancaqueo

Francisco Llancaqueo es uno de los peluqueros más exitosos de Chile. Director de la Fundación Arte-Luz, en 2013 lanzó con excelente crítica su libro De lo bueno mucho. Autobiografía de un mapuche resiliente. Antes de ese texto fue columnista en medios como Paula y The Clinic. Sus relatos fueron la fuente de la obra teatral El hijo de la peluquera, dirigida por Javiera Contador.

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