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COLUMNA

De mechas y amor

Por 14 Feb, 2019

El prestigioso peluquero reflexiona sobre el sentimiento más profundo de todos. En este San Valentín no habla de ‘medias naranjas’, sino que de ‘frutas completas’ que dialogan. Porque amarnos profundamente es el secreto para que el otro lo haga de la misma forma.

Foto: Everton Vila

Desde pequeño me educaron en la esencia del miedo, llenándome de información que venía desde las propias vulnerabilidades que traían mis padres. Y no los culpo, fue así.

Algunos tienen la sensibilidad de entenderlo y trabajarlo. Y a la hora de vivir la experiencia de papás revierten esa información que, por lo demás, arrastran de sus propios progenitores, es decir, de los abuelos.

Los elegidos rompen el circulo enseñando de una forma más sana, menos contaminada, enfocándose en la grandeza de su prole.

Por mi parte recuerdo aquello que me dijeron muchas veces en el transcurso de mi experiencia humana: Debes encontrar a tu ‘media naranja’.

Y así comenzamos a estar atentos a hallar esa mitad tan esquiva a veces. Esa otra mitad que, se supone, nos completará pudiendo vivir feliz por siempre y siempre, sin darnos cuenta de que de esa manera es crear un amor enfermo, incompleto, donde el otro trae la tarea intrínseca de hacerse cargo de todo aquello que su compañero no pudo hacer. –es injusto–

Desde mi percepción, para vivir el amor han de ser dos naranjas enteras, individuales, que se encuentran para juntos echar raíces en el árbol del amor.

Muchas veces nos inquietamos cuando se nos acerca esa vibración amorosa y corremos a perdernos sintiendo que no somos merecedores de amar y que nos amen, creemos que la vida es dura y venimos acá para pasarlo fatal. Sentimos que lo que decimos no es lo suficientemente inteligente, motivo por el que no somos los elegidos para ser amados y así… el listado es enorme. De esa manera nos ponemos el parche antes de la herida, asegurándonos para no sufrir.

Sin embargo, cuando nos abrimos a la experiencia amor es cuando estamos dispuestos a vivir este viaje especial y único. Experimentarlo es algo extraordinario. Vivir el amor es siempre decir la verdad conectándose con sus emociones, pudiendo percibir la belleza de la consciencia.Vivir el amor es no juzgar, aceptando al otro en sus limitaciones y virtudes, en lo bueno y lo difícil. Vivir el amor es hacerse responsable de nuestra propia dicha.

Si estamos abiertos podemos fluir, si nos alineamos permitimos sentir nuestros espacios emotivos volviéndonos más humanos.

Así es, amarnos profundamente es el secreto para que el otro lo haga de la misma manera. Amar es desarrollarse en nuestra propia luz para así juntos potenciarnos y crecer a la par, desde la confianza, desde la fe, desde la rendición a la perfección del amor, desde la incondicionalidad que trae consigo este sentimiento.

Hoy, 14 de febrero, es un buen día para reflexionar acerca de amar, algo tan prístino y potente a la vez. Porque vivir el amor es creer en nosotros mismos. Vivir el amor es un compromiso que va más allá de nuestros propio horizonte. Vivir el amor es regresar a nuestra esencia.

Este ha de ser nuestro compromiso aquí y ahora: abrirnos a ese querubín que flota por los aires con su arco y su flecha, ponernos de frente con nuestro pecho inflado como un gorrión para recibir la estocada que nos pertenece a todos. Porque todos tenemos el derecho a amar y ser amados.

Francisco Llancaqueo

Francisco Llancaqueo es uno de los peluqueros más exitosos de Chile. Director de la Fundación Arte-Luz, en 2013 lanzó con excelente crítica su libro De lo bueno mucho. Autobiografía de un mapuche resiliente. Antes de ese texto fue columnista en medios como Paula y The Clinic. Sus relatos fueron la fuente de la obra teatral El hijo de la peluquera, dirigida por Javiera Contador.

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