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COLUMNA

De mechas y términos

Por 20 Feb, 2019

Hasta la pelu llega una mujer que a sus 65, pese a ser reconocida y estar vigente, le dicen que su trabajo finalizó en el lugar donde dio la vida. El prestigioso peluquero le responde ante la desolación de la ‘paciente’ que se dé cuenta de que ahora es “su momento”.

De mechas y términos Foto: Julia Caesar

Denisse por años fue catalogada como una de las más destacadas profesionales en su área de ingeniería, lo que la llevó a ocupa altos cargos en la universidad donde trabajó por veinticinco años. Gracias a su capacidad y trayectoria participó como invitada y expositora en muchos congresos internacionales, donde siempre fue excepcional y aplaudida por sus pares.

Sin lugar a duda, tener a este personaje del mundo de las aulas mayores entre mis pacientes, siempre ha sido un orgullo.

Todo iba perfecto hasta que se le informó en su trabajo que su contrato tenía fecha de término, algo que para Denisse sonó casi como una sentencia. Este 28 de febrero se acaba su trabajo, se le dijeron así, sin más. Y dado sus 65 años, ya era hora que se retirara a los cuarteles de invierno, algo que para ella -si bien no la tomó por sorpresa-, enfrentada a la realidad en ese momento, fue fuerte y difícil.

Al regresar a casa por la tarde, una vez terminado su trabajo, fue inevitable que cayeran unas lágrimas por sus mejillas. Había llegado el momento de poner término a aquello que tanta alegría le dio por años.

Relacionarse con jóvenes era renovador para ella. Investigar, viajar y participar en la educación de tantos para Denisse resultaba una plenitud total. Sin embargo, en un país como éste a los sesenta y cinco ya pasamos a ser parte de la adultez extrema, es irrevocable y, al parecer, la vida termina. Y esa fue la sensación descrita en mi sillón por esta paciente.

Estaba deshecha. Su vida profesional terminaba como tantas otras cosas que tienen fecha de vencimiento, como que fuéramos una caja de leche o un yogurt de frutas.

Denisse sentía de verdad que todo había llegado a su fin y que, luego de acabar su contrato en ese mes de febrero, ya nada habría de suceder.

Al parecer, para muchos jubilar no es fácil, más aún cuando has hecho de tu profesión u oficio algo indispensable en tu vida.

La vi muy triste en su nueva realidad. Era como cuando le quitamos un juguete a un niño o la pelota a nuestra mascota. La sentí descolocada, como no sabiendo hacia donde iba la micro. Su vida estaba cambiando radicalmente.

Si bien Denisse tiene familia, incluidos adorables nietos, su vida profesional necesitaba tomar un nuevo camino y no anularse como hasta ese momento sentía.

Se encontraba físicamente mal, llegó a la pelu con un resfrío alérgico sin explicación. En esta incertidumbre experimentaba una angustiante sensación de tener que volver a nacer de reinventarse.

Por mi parte, observando su panorama con distancia, podía tener una perspectiva más extensa acerca de su historia. Le dije:

Este es tu momento, Denisse querida, nada permanece y en esa impermanencia es donde habrás de vivir tu resiliencia y ver nacer tu verdadero yo que, si bien hoy se siente con miedo, mañana te aseguro volverá a brillar. Es el instante de hacer todo lo que no pudiste por años, tiempo de regocijarte en la ociocidad, de vivir con un nuevo ritmo, sin tacos, sin estrés, sin cubrir las necesidades de tantos, sin nadie que apure tus horas. Ha llegado el momento de volver a ti.

Una vez terminado el corte de pelo, la conversación también había llegado a su fin.

Se miró al espejo y su cara cambió, ya no estaba esa angustiosa mirada de preocupación, observaba su vida con otro prisma, desde un nuevo lugar. Era el amor que le giñaba un ojo para decirle que la vida para todos cambia momento a momento.

Francisco Llancaqueo

Francisco Llancaqueo es uno de los peluqueros más exitosos de Chile. Director de la Fundación Arte-Luz, en 2013 lanzó con excelente crítica su libro De lo bueno mucho. Autobiografía de un mapuche resiliente. Antes de ese texto fue columnista en medios como Paula y The Clinic. Sus relatos fueron la fuente de la obra teatral El hijo de la peluquera, dirigida por Javiera Contador.

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