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COLUMNA

El envejecimiento en Chile tiene rostro de mujer

Por 13 Mar, 2019

Nuestra columnista y experta destaca que otra de las demandas pendientes en la lucha femenina está en aquellas sobre 60 años. Falta equidad en el paso del tiempo. “Es excesivamente notoria la diferencia en la que hombres y mujeres envejecen en este país”, asegura.

El viernes pasado asistí a una de las manifestaciones más conmovedoras y profundas que me ha tocado vivir -y que probablemente quedará registrada en la historia del país por su elevada convocatoria y actitud pacífica-: la marcha 8M. Los miles y miles de mujeres que, creyendo fielmente en la equidad y el respeto como el único camino posible para un habitar libre y tranquilo en Chile, se juntaron a la misma hora, en el mismo lugar y con la misma energía de colectivo. Fue un espacio de amor, cariño y respeto que dudo pueda olvidarse.

Si bien estos procesos han tomado en esta época más fuerza y ya no hay una vuelta atrás, hace años que muchas de mujeres -la mayoría actualmente sobre los 60- han luchado no por más, sino que por lo mismo en cuanto a respeto, equidad y libertad.

En lo personal estos procesos de un vivir libre y en igualdad han sido parte de mis antepasados y de mi vida. Por lo mismo, me siento agradecida y afortunada de mis antepasados de mujeres liberales en distintos aspectos. Mi tatarabuela Martina Barros Borgoño, sobrina de Diego Barros Arana, tuvo la posibilidad de conocer y codearse de intelectuales de la época y fue, una de las primeras – al menos de manera pública- en cuestionar la desigualdad en Chile entre hombres y mujeres, publicando en 1872 la traducción al español de la obra inglesa La esclavitud de la mujer, cuyo prólogo escrito por ella misma fue todo un escándalo para esos años. Más tarde sería una de las principales activistas del voto femenino. De hecho, sus memorias son hasta ahora un valioso testimonio del rol de la mujer en el progreso de nuestro país.

Mi madre también me marcó el camino. Siempre se diferenció del resto de las mamás de mis compañeros de colegio porque era la única apoderada fotógrafa que se movía en un ambiente laboral rodeada de hombres publicistas y otros profesionales del rubro. Sin intimidarse, destacó como fotógrafa en Taller Uno y la Revista Paula y también como docente en la Universidad de los Andes y la Diego Portales, en estas últimas permanentemente demostrando que “como mujer” podía con ese mundo que en los 80 y 90 era gobernado por una escena masculina.

Son ejemplos cercanos de tantas que pasaron y de otras que todavía están como ejemplos mujeres mayores que no experimentaron la equidad.

La realidad chilena en aspectos de envejecimiento está marcada por una presencia importante de las mujeres. Esto se ha llamado feminización del envejecimiento en Chile, donde tenemos un índice de feminidad de 130. Esto último quiere decir que por cada 100 hombres mayores de 60 años hay 130 mujeres que también lo son. Sí, somos mayoría y esto se acentúa sobre los 60 años. ¿Por qué ocurre? Porque las mujeres son más y con una mayor esperanza de vida.

Es evidente que el envejecimiento en Chile tiene “rostro de mujer”. Por eso hay que preguntarse qué nos queda pendiente. ¿La respuesta? Pues equidad en el modo de envejecer.

Hasta ahora es excesivamente notoria la diferencia en la que hombres y mujeres envejecen en este país, algo que debe cambiar. Si bien las mujeres viven más años, no lo hacen cuidando la calidad del envejecer. Todo muestra que, hasta ahora, han tenido trayectorias laborales precarias, incorporación tardía al mercado laboral, ingresos menores y cotizaciones irregulares.

Al panorama anterior se suman relaciones de poder desiguales entre hombres y mujeres que han gatillado situaciones de exclusión, desigualdad y discriminación. Otras marcadas diferencias apuntan al uso del tiempo y de roles, con ellas asociadas de manera muy notoria al cuidado, con un exceso de sobrecarga y un peso mental en lo laboral y familiar, ‘debiendo’ responder y estar disponibles en ambos aspectos.

Por lo anterior se podría pensar que es sólo a través del curso de una vida experimentada con mayor equidad entre hombres y mujeres envejeceremos con la misma calidad. Así podremos pasar los 60 años sin elementos que impliquen un desgaste mayor según el género.

Queda mucho por recorrer. Pero luego de la marcha del 8M puedo decir que tengo confianza en las nuevas y futuras generaciones de mujeres que habitan y habitarán nuestro país. Gracias a ellas tendremos un lugar en el que podremos caminar tranquilas, a cualquier edad.

Olivia Larraín

Sicóloga clínica de la Pontificia Universidad Católica y magíster de la Universidad de Barcelona. Actualmente es la coordinadora académica del Programa Adulto Mayor UC. Consulta: [email protected]

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