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COLUMNA

Cerrando ciclos

Por 8 Abr, 2019

Hace unos días cerré mi querida marca MIBE, como consecuencia de todo el proceso físico, emocional, creativo y de sentido que he experimentado desde mi accidente. Ponerle punto final a mi querido emprendimiento jamás estuvo en mis planes, pero tomar la determinación me ha inyectado la energía necesaria para tomar un nuevo camino.

En febrero del 2012 nos fuimos con un grupo de amigas a Ecuador y Perú. Al llegar a Montañitas, con una de ellas nos percatamos de inmediato en el particular modelo de sandalia que todas las argentinas usaban: la clásica chala con dos hebillas, con plataforma de unos 5 cm. Un diseño que no había visto desde mi infancia, cuando mis hermanas mayores tenían zapatillas Donors.

Nos obsesionamos a tal nivel con las famosas chalas con plataforma que una de mis amigas, incluso, ¡le ofreció a una de estas argentinas comprarle la que tenía puestas! No le fue bien con su propuesta, pero sí obtuvo el dato de dónde encontrarlas en Buenos Aires. No recuerdo cómo, pero meses después, tenía las suyas bien puestas.

Sin la misma suerte, pero con demasiadas ganas de pararme sobre unas idénticas, mi amiga me dio el dato de una zapatera que hacía réplicas. Fue así como se asomó la idea de mandar a hacer y vender. Invertimos $ 100.000, realizamos nuestra primera venta y nos fue súper. Me atrevo a afirmar que fuimos quienes trajimos el terraplén a Chile, en tiempos en que ni ese tipo de suela llegaba, por lo que pegábamos una suela arriba de otra para obtener la altura deseada.

Empezamos a trabajar a pedido y poco a poco fuimos innovando y sacando nuevos modelos. Todo 100% cuero, hecho a mano en Chile. Crecimos rápido y a los dos años decidí salirme de la universidad para dedicarme por completo a nuestra marca: MIBE. Tiempo después le compré su parte a mi socia y seguí por mi cuenta.

Gracias a MIBE logré hacer lo que siempre había buscado: dedicarme a algo que realmente amaba y que me permitía tener el tiempo a mi disposición, sin encasillarme en el típico horario de oficina. MIBE me enseñó a que trabajar no tenía por qué ser latero. Por el contrario, amé lo que hacía para ganarme la vida.

Después de mi accidente, en 2016, mis ganas de continuar trabajando duro para mi marca seguían intactas. Al mes de internada en la clínica me dediqué a sacar la temporada de verano. Sirvió para despejarme de lo que me había pasado. Tenía reuniones en la misma clínica con el equipo de producción de la campaña y un montón de otras actividades para seguir adelante con mi proyecto. Sin embargo, también fue el momento en que supe que todo sería distinto.

De regreso en casa, siguió creciendo una extraña sensación que frenaba mis energías. Asuntos como que mi silla de ruedas no entrara en el taller, los problemas de accesibilidad en el centro de Santiago, donde estaban los zapateros, y la falta de autonomía para poder salir sola a la calle a seleccionar los cueros y captar ideas, afectaron mi creatividad y mis ganas. No puedo dejar pasar la enorme paradoja de que mi emprendimiento fuese de zapatería y yo ya no pudiera volver a caminar.  

En definitiva, mi accidente cerró un ciclo en mi vida y MIBE se fue con él. No fue sencillo darme cuenta y menos enfrentarlo y tomar cartas en el asunto.

Siempre he pensado que la vida tiene sentido si se deja algo en la historia. En mi familia hay buenos referentes, como Juan José Latorre. Y aunque está claro que no pretendo compararme con un marino que conquistó el Huáscar, sí tengo la convicción de que es importante pasar por este mundo despertando un poco de amor en los demás y ayudando desde nuestras mejores capacidades.

Hace dos semanas hice la última venta por cierre de MIBE. Para vender el stock restante y terminar ese período de mi vida. Recién ahí me cayó la teja: llegaron más de cien personas y más de 500 me escribieron, entre ellas viejas clientas que me agradecieron los años de trabajo, mis diseños y la cercanía que tuve con ellas. Me ha dado pena darme cuenta en estas semanas posteriores lo mucho que me gustaba esa dinámica y, más aún, en algo fundado por mí. Pero es importante aprender a cerrar ciclos y no quedarnos estancados.

Mi accidente finalizó una etapa y me abrió un mundo nuevo: descubrí un potencial enorme para acercarme a las personas y acercarlas a ellas a los temas de inclusión. Hoy estoy con nuevos proyectos, trabajando en el área de las comunicaciones, sin oponer resistencia al cambio, avanzando y buscando nuevos desafíos en los que encuentro un especial sentido.

Bernardita Santa Cruz

Bernardita Santa Cruz tiene formación en Diseño y en su popular cuenta de Instagram pone su ojo en belleza, moda y estilo de vida. En Mujer Dínamo enfocará sus columnas en temas de inclusión.

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