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COLUMNA

Una vida digna

Por 16 Abr, 2019

Tomar nuestras propias decisiones es un derecho. Y decidir hasta cuándo nuestra vida tiene la dignidad suficiente es uno muy importante.

 

La palabra eutanasia viene del griego eu thanatos = buena muerte. Según la Real Academia Española la eutanasia es la “acción u omisión que, para evitar sufrimientos a los pacientes desahuciados, acelera su muerte con su consentimiento o sin él”. Un segundo significado de la RAE es “muerte sin sufrimiento físico”.

Una de mis películas favoritas es Yo antes de ti, que trata de un joven millonario que, tras ser atropellado en un accidente, queda tetrapléjico. O sea, sin movilidad ni sensaciones del cuello para abajo. El protagonista se enamora y su vida empieza a experimentar felicidad dentro de su contexto. Pero no fue suficiente y de todas formas elige viajar a Suiza -donde se practica la eutanasia- y, por opción propia, morir.

Cuando tuve mi accidente esa película vino a mi cabeza varias veces. Pensaba por qué no tenemos esa oportunidad de elegir entre seguir viviendo bajo una situación extrema que padecemos y poder irnos con tiempo y paz, como lo hace el protagonista de esa cinta. Pero en nuestro país la eutanasia no es legal, por lo tanto, algo que se podría considerar como una opción a la eutanasia es el suicidio.

Practicar la eutanasia es extremadamente difícil por imposibilidad física y emocional, y porque para muchas personas puede ser inviable sin ayuda de un tercero (como es el caso del protagonista de la película). En mi caso, nunca fue la situación, ni tampoco jamás estuve demasiado deprimida para considerar quitarme la vida. Pero no miento, sí pensé en el por qué no contaba con la opción como sí la tenía el tipo de Yo antes de ti. Me habría gustado porque no es fácil vivir con dolor físico, emocional, etc…

El tema reapareció en mi cabeza con lo ocurrido en España el pasado 3 de abril y la noticia de la muerte asistida de María José Carrasco, de 62 años y enferma de esclerosis múltiple desde que tenía 32. Ella había reclamado durante los últimos años que el Congreso español aprobara una ley de eutanasia. Murió tras recibir un cóctel letal de manos de su marido, Ángel Hernández, y juntos grabaron en video la situación para que quedara constancia de que fue una decisión de ella. El hombre la ayudó después de haberla cuidado por décadas. De hecho, hace 20 años él impidió que se suicidara cuando la encontró inconsciente y llamó a la ambulancia.

Lo que hizo la pareja se le llama suicido asistido, definido como proporcionar a una persona los medios necesarios pedidos por ella para poner fin a su vida: drogas, explicación de procedimientos, prescripción de sustancias letales, etc. Es el paciente el que voluntariamente termina con su vida.

Después de ver esta noticia dar vueltas por la televisión recordé rápidamente la película y los momentos posteriores a mi accidente. Me puse a pensar y leer sobre el tema en debate en varios países del mundo. La eutanasia sólo es legal en cinco países: Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Colombia y Canadá. Mientras que la práctica de suicidio asistido está aprobado en Suiza, Estados Unidos (sólo en los estados de Oregon, Washington, Montana, Vermont y California), Albania, Japón, Corea del Sur y Alemania.

Me pregunté si cuando llegue al final de mi vida me gustaría poder tomar la opción de no sufrir más. Y concluí que sí. Querría elegir y no tener que viajar a Suiza para hacerlo. Preferiría morir acá, en mi cuidad, y rodeada de mi gente. Mi vida me pertenece. Es mi vida y yo escojo. Creo que tenemos un derecho para decidir dónde, cómo y cuándo. Me gustaría ser libre para elegir. Y no me refiero a dejar morir, si no que permitir elegir qué muerte tener en caso de no estar satisfecha con la salud propia.

Los que piden la eutanasia sólo quieren morir en dignidad y fue lo que sentí al ver el video del matrimonio español del cual les contaba antes. Son muchos los casos de eutanasia clandestina.

La libertad va de la mano con la democracia. Poder elegir hasta qué punto vivir nuestra propia enfermedad es simplemente eso.

Bernardita Santa Cruz

Bernardita Santa Cruz tiene formación en Diseño y en su popular cuenta de Instagram pone su ojo en belleza, moda y estilo de vida. En Mujer Dínamo enfocará sus columnas en temas de inclusión.

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