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TRAS OCHO TEMPORADAS

El puñal y el corazón: con un final correcto se despide Game of Thrones

Por Mujer Dínamo 20 May, 2019

La muerte separa a los amantes Daenerys y Jon Snow, mientras que el pitoniso Bran Stark asume como Guardián de los Siete Reinos.

El puñal y el corazón: con un final correcto se despide Game of Thrones

Es nuestra primera reacción: lo mejor de la última temporada de Game of Thrones (GoT) ocurrió a mitad de camino, en la épica Batalla de Winterfell contra los muertos caminantes del Night King. Un momento que paralizó, quitó el aliento y emocionó con sus caídos a un nivel que quedará en la memoria de muchos fans. Porque anoche el capítulo de cierre de la producción de HBO, una de las series más exitosas de este milenio, dejó la pantalla en un adiós sin adrenalina, con pasiones medidas y en un relato correcto. De una emotividad casi predecible.

El inicio del capítulo prometía el terror, incertidumbre: la ciudad de King’s Landing quemada, bajo una lluvia de cenizas, tropas formadas y Daenerys (Emilia Clarke) realizando un incendiario discurso en que llamaba a la libertad de los pueblos -aunque deslizando tiranía-. Pero este escenario atemorizante pronto se desvaneció cuando el héroe de GoT, Jon Snow (Kit Harrington) evita que suceda matando a su amante y platinada monarca. En un apasionado beso a los pies del trono de hierro le entierra un puñal y sella su trágico futuro sin posibilidad de amor ni corona para él.

Rápidamente, el encargado de transformarse en el protagonista del epílogo es el enano Tyrion (Peter Dinklage). Prisionero por traición, es llevado a asamblea y tiene voz ante los nobles que deben decidir quién será el monarca de los siete reinos. Ante la falta de determinación, propone a Bran Stark (Isaac Hempstead Wright    ), cuya historia increíble de sobreviviente parapléjico con el don de volar gracias a ser también el Cuervo de Tres Ojos y sus visiones del pasado, presente y futuro es ideal para armar una mística sin fronteras.

El joven acepta ser el Guardian de los Siete Reinos (¿Por qué crees que vine hasta acá?”, responde) y empiezan las negociaciones. Sansa (Sophie Turner) exige independencia para el Norte que representa y Bran pide que Tyrion asuma penitencia dedicado al servicio público como su Mano. En este manejo político para la reconstrucción, Jon es sentenciado al exilio en el gélido Muro, sin derecho a mujer, tierras o descendientes.

Rápidamente se empieza a rearmar la normalidad. Y viene el reencuentro de los Stark en la despedida de Jon Snow en el puerto en la previa a su rumbo al extremo norte. Allí la menuda heroína Arya (Maisie Williams) les comunica a todos que irá a explorar qué hay más allá de lo que marcan los mapas y luego se la ve embarcada a los nuevos mundos.

Sansa, en el momento más solemne del capítulo, es coronada como Reina del Norte. Y Jon aparece en el Muro, abriendo sus puertas e internándose a explorar en el bosque como líder de esta extrema comunidad. Todo apacible, con música de fondo. Sin ganadores. Game over.

Atrás quedaron los incestos, asesinatos, complots, batallas, dragones. Y también esa forma de ver televisión gregaria y planetaria, que tenía unida a una fanaticada el mismo día y hora. Sin espacio al OnDemand. La experiencia Game of Thrones era en vivo y con cada sentido atento a la jugada.

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