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Zona de sacrificio

Diagnóstico de una científica líder: vivir y morir en Puchuncaví

Por Verónica Moreno 19 Oct, 2018

La directora de la Escuela de Geología de la UST, Joseline Tapia, explica que en Chile no existe la normativa que impida que situaciones como las de Puchuncaví- Quintero y Antofagasta se repitan.

Diagnóstico de una científica líder: vivir y morir en Puchuncaví Foto: Jürgen PM

Algunas personas viven con una nube tóxica sobre sus cabezas, otras con tierra contaminada bajos sus pies. Respirar veneno o caminar mientras las partículas de plomo se van adhiriendo a los zapatos, la ropa y el cuerpo es una rutina mortal que muchos chilenos viven día a día. Las intoxicaciones sufridas por la comunidad de Puchuncaví y Quintero son el último grito de alerta de muchos otros que a lo largo del tiempo se van repitiendo una y otra vez.

“Nos hace falta una real conciencia de que este tema no es solo importante, es urgente por la gente de tantas zonas del país impactadas por este tipo de contaminación”, dice Joseline Tapia. Y ella sabe de lo que habla. Es directora de la Escuela de Geología de la UST Santiago, geóloga de la Universidad de Chile y doctora en hidrología, hidroquímica, suelos y medioambiente de la Université Paul Sabatier. Y, además, es antofagastina.

“Lamentablemente en Antofagasta casi todos conocen a alguien que ha sufrido cáncer al pulmón o de vejiga”, señala graficando el impacto que ha tenido en esa zona décadas de contaminación, de arsénico primero y luego por plomo.

¿En Chile hay muchas zonas bajo este mismo riesgo?

Tenemos bastantes zonas de exclusión ambiental o zonas de sacrificio ambiental.  Como dice su nombre son lugares que el país sacrifica en pos de un bien económico, y suele suceder que las personas que viven allí son de escasos recursos y no tienen las herramientas económicas para cambiarse a otro lugar. Por eso la crisis termina siendo humana, social y ambiental.

Al final en Chile las zonas que más se han visto comprometidas por este tipo de situación son Mejillones, Tocopilla, Antofagasta, Huasco, Ventanas, Puchuncaví, Coronel. El centro de Arica también tiene bastante contaminación con plomo.

¿Y nuestras zonas de sacrificio en comparación con otros países?

Todos los países tienen sus zonas de sacrificio ambiental, lo que pasa es que en países más desarrollados se exige que se repare. En Chile estamos en una especie de limbo: hemos aumentado el ingreso del país, hemos avanzado en muchas cosas, pero todavía no tenemos normativas acordes con nuestra realidad. En Chile no tenemos una normativa que evite que lo ocurrido en Puchuncaví y Quintero no se vuelva a repetir.

¿Qué falta para una normativa a todas luces urgente?

Es muy urgente y al mismo tiempo es complicado actuar de manera tan veloz porque puede ocurrir que se copien normativas extranjeras que no tienen nada que ver con nuestra realidad. Existe bastante información de geoquímica, de roca, de suelo, de sedimento desde Rancagua hacia al norte, pero desde Rancagua hacia el sur hay muy poca información.

Y esos datos, ¿son lo primero que se requiere para una normativa que realmente sirva y sea aplicable?

Sí. Lo primero que se necesita es tener una base geoquímica de todo Chile. Luego, establecer el rango de variación normal de esta geoquímica dependiendo de la zona del país, con eso se puede tener una legislación acorde a la geoquímica natural de cada zona. Y, finalmente, con estas normas en la mano fiscalizar a las empresas contaminantes y exigirles que se remedien esos sectores. Estamos llenos de buenas intenciones, pero no se actúa. Es tiempo de ejecutar los planes.

Si nos ponemos en el escenario más optimista, si se tomaran todas las medidas que se requieren, ¿el daño en estas zonas es reversible?

Primero que todo, es necesario hacer una evaluación muy clara y, de acuerdo a ellas, tomar las medidas correspondientes. Si eso se hiciera el sistema, el medio ambiente se puede remediar. Obviamente de acuerdo a sus ciclos, no es de un día para otro. A veces toma cinco años, otras puede tardar 20 años. Hay ejemplos como Australia, en zonas donde antes hubo minería de uranio y se han hecho planes de remediación que, después de dos décadas, lograron llegar a un estado bastante parecido a lo que era antes de que comenzara la extracción minera. Pero en Chile estamos muy lejos de eso.

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