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Foco en pruebas periciales sexológicas

Nace unidad de ‘víctimas especiales’

Por Verónica Moreno 5 Nov, 2018

La doctora María Luisa Alcázar lidera, desde el Ministerio de Salud, la implementación del nuevo modelo de atención Clínico Forense que busca estandarizar la línea de custodia de evidencia y atender con mayor diligencia a las víctimas de abusos sexuales, en su mayoría son niñas y niños.

Nace unidad de ‘víctimas especiales’ Foto: Drew Hays

Cada lunes por la tarde, cuando termina su jornada laboral en el Ministerio de Salud, la doctora María Luisa Alcázar se “aisla del mundo un rato”. Y lo hace cantando en el coro Santiago Gospel en la iglesia luterana de Providencia.

Dice que esta actividad es parte de su mecanismo de autocuidado, de escapar un momento de la intensidad de su trabajo.

María Luisa es pediatra de la Universidad Católica y ha hecho toda su carrera en el Hospital Sótero del Río. Es también la referente del Ministerio de Salud en el desarrollo del nuevo modelo de atención de la Unidad Clínico Forense, iniciativa que busca mejorar la calidad de pruebas periciales sexológicas para reducir la victimización secundaria de los niños, niñas y adolescentes que sufren violencia sexual. En esto trabajan en conjunto el Ministerio Público, el Servicio Médico Legal y el Ministerio de Salud.

Cuando estudiaba en la universidad nunca imaginó que terminaría trabajando en el área de violencia sexual “pero atendía a niñas, niños violentados y comencé a involucrarme en el tema”.

Así, en los inicios de la reforma procesal penal, dada su experiencia, le solicitaron que apoyara la implementación de la cadena de custodia, que tiene que ver con el debido cuidado de las evidencias del delito para no viciar su manejo y evitar alteraciones o destrucciones. “Eso permite que el fiscal pueda probar el delito fuera de toda duda razonable. Es muy importante esta etapa, si te pones a pensar O.J. Simpson salió libre justamente porque falló la cadena de custodia de evidencias”.

Y su rol en el desarrollo del modelo de la Unidad Clínica Forense también implica aterrizar la norma técnica y vigilar que los servicios de salud se alineen, además de la formación de las profesionales.

“Instalar un nuevo estándar de atención a las personas que han vivido violencia sexual es de vital importancia, sobre todo si se considera que entre el 70% y 80% de las víctimas son niñas, niños y adolescentes”, explica.

Y este camino de evidencias y peritajes María Luisa Alcázar comenta que ha sido de total aprendizaje, “cada vez que avanzas se van abriendo nuevas aristas que se deben tomar en cuenta y trabajar en ellas”. Por ejemplo, la violencia sexual se considera tortura, eso implica una forma especial de tratar a las personas que la han padecido y también implica tener un cuidado especial con los equipos médicos que atienden a las víctimas. “Es muy intenso, exigente y no podemos dejar que se fundan, por eso también trabajamos en mecanismos de autocuidado para ellos”, sostiene.

El primer resultado llegó a finales del año pasado en Viña del Mar. El Hospital Gustavo Fricke fue el primero en inaugurar una Unidad Clínico Forense con espacios de atención y acogida especialmente acondicionados para las víctimas, permitiendo que accedan a una atención oportuna, de calidad y con la privacidad suficiente que requieren estas situaciones. “La reducción de la victimización secundaria implica, además, que este tipo de procedimientos se realicen informando, orientando, respetando las necesidades de cada víctima y resguardando su dignidad”, dice.

El objetivo es tener una de estas unidades en cada región. La doctora comenta que este es un paso clave no solo porque las pericias se harán con altos estándares de calidad, sino porque el respeto a las víctimas está en el centro de todo.

Pero también destaca otro punto: “La mayoría de las víctimas son niñas, niños y adolescentes. Históricamente la violencia ejercida hacia ellos ha sido algo que a nivel social se escondía, ahora está saliendo a la luz en todas las áreas. Se habla del tema y estamos tomando medidas”. La doctora agrega que “parecía que por el hecho de llamarlos ‘menores’ no eran sujetos de derecho y sí lo son. Por eso no me gusta que se les diga menores; porque los disminuimos. Ahora los delitos sexuales cometidos contra ellos serán atendidos con la diligencia y el respeto que corresponde y eso nos hace una mejor sociedad”.

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