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COLUMNA

Paremos con “la abuelita” ¡No más!

Por 13 Nov, 2018

Es similar a que en los tiempos que corren a alguien de 40 años le anden diciendo “mamita”. Con la extensión de la expectativa de vida, muchas mujeres llegan a los 90 años sin problema. Y no es real comparar a una de 60 con aquella 30 años mayor. Ni tampoco atribuirles una imagen común por superar las seis décadas. Existe heterogeneidad, vidas tan diversas como mujeres mayores hay.

Paremos con “la abuelita” ¡No más! Foto: Sara Jane Adams

¿Qué tienen en común las mujeres mayores de 60 años? Esta pregunta no tiene nada de creativa y se realiza en muchísimas investigaciones sobre personas mayores y de las imágenes y estereotipos sobre ellas. De hecho, hace un par de años la Universidad de Chile realizó un estudio dirigido a estudiantes universitarios en que se les consultó por las principales características asociadas a grupo. La mayoría de sus respuestas dan cuenta de conceptos negativos: dependientes, enfermizas, frágiles, conservadoras, sexualmente no activas, marginadas, desvaloradas. La única imagen positiva -que no deja de ser estereotipo- es “sociables”.

Lo cierto es que no todas las personas mayores son dependientes, ni enfermizas, ni frágiles, ni conservadoras, ni sexualmente no activas, ni marginadas, ni desvaloradas; así como tampoco no todas son sociales. Esto no quiere decir que algunas no lo sean; pero sí que no todas lo son sólo por tener sobre 60 años.

Lo anterior da cuenta de los “viejismos” que manejamos como sociedad, entendido como el “conjunto de prejuicios, estereotipos y discriminaciones hacia las personas mayores sólo por razón de edad”. Concepto introducido por Robert Butler desde el ’68 para dar cuenta de la discriminación dirigida hacia ese grupo.

¿Existirá acaso algo en común que caracterice esta etapa de la vida?

La vejez, como etapa del ciclo vital es una de las más largas. El aumento en la expectativa de vida significa que cada vez más personas llegan a los 90 y los 100 años. O sea, llevan 30 o 40 años siendo “mayores”. Es como si juntásemos las etapas del ciclo vital correspondiente a la infancia, adolescencia y adultez. ¿No sería absurdo intentar encontrar un denominador común en personas con tantos años de diferencia? Por lo mismo, es imposible pensar en características estáticas comunes en una etapa tan larga como la vejez. De ahí que probablemente la única característica posible y que no denotaría un estereotipo o prejuicio corresponde a la heterogeneidad y variabilidad por su extensa duración en años.

Entonces, ¿en qué se parece una mujer de 60 años a una mujer de 90 años? La única respuesta posible es en que es mujer; son demasiados años de diferencia para hallar un denominador común.

Ya es tiempo de reconocer su heteregeneidad y variabilidad como ser humano y no asignarle imágenes y calificativos cargados de prejuicios, que a la vez se ven reflejados en nuestro lenguaje. De ahí que será imperante dejar de decirles “abuela” o “abuelita”. Primero porque no todas las mujeres sobre 60 tienen nietos o siquiera son madres. Segundo porque está cargado de imágenes de ser una mujer sexualmente no activa. Y tercero porque es similar a que una mujer de 40 años le anden diciendo “mamita”…, calificativo que en los tiempos de hoy (#metoo) NO es aceptable.

Probablemente -ojalá- luego de leer esto el término “abuelita” les parezca bastante incómodo de volver a pronunciar.

Miremos a la persona y no a su edad, para evitar acercarnos de manera estereotipada y promover que las mujeres mayores sean como quieran. Que es finalmente a lo que todos aspiramos.

Olivia Larraín

Sicóloga clínica de la Pontificia Universidad Católica y magíster de la Universidad de Barcelona. Actualmente es la coordinadora académica del Programa Adulto Mayor UC. Consulta: [email protected]

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