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Ministra y mano derecha de López Obrador

Prepárense para Olga Sánchez Cordero: la dama de hierro mexicana

Por Lucy Willson 28 Nov, 2018

Aquella imagen del ‘mero macho’ y de sombrero mariachi da paso a una nueva protagonista en ese país, con la aparición de esta abogada progresista y sin miedo a la polémica. Llega al nuevo gobierno y de inmediato cambiará paradigmas y marcará un hito en la historia: por primera vez que una mujer alcanza una posición tan importante en México, será su vicepresidenta.

Prepárense para Olga Sánchez Cordero: la dama de hierro mexicana Foto: Antonio Cruz / Newsweek en Español

Así como la ven -menuda, con su pelo cano y sonrisa fácil- Olga Sánchez Cordero (71, casada y tres hijos) es una de las mujeres que más respeto impone en la sociedad azteca. Y esto ocurre antes de que Andrés López Obrador la eligiera como su segunda en el poder, ubicando por primera vez a una mujer en el cargo más importante de México tras el de presidente: titular de la Secretaría de la Gobernación, que en su paralelo chileno pasa a ser el Ministerio del Interior y allá vicepresidenta de México. Algo que marcará historia este sábado 1 de diciembre, con la investidura del nuevo mandatario.

Y esa posición de autoridad ya la ha hecho valer cumpliendo con una polémica promesa de campaña: despenalizar el uso recreativo de la marihuana y la utilización médica de la amapola para producir morfina.

Con ella no existe sensación de incertidumbre. Abogada, académica destacada de la UNAM, ex ministra de la Corte Suprema mexicana y senadora, todos los sectores la califican como un personaje que proyecta firmeza y claridad en los temas en que se involucra. Y en el caso de México estos no son pocos: droga, violencia, seguridad pública y migración (sólo por nombrar algunos).

La probidad, en un país donde la corrupción es tremenda en todo nivel, es otra de sus batallas. Como declaración de principios ofreció su sueldo de ex ministra de la corte si López Obrador ganaba y le daba un cargo. Un dinero que donará a beneficencia en un gesto que busca cambiar aquella acostumbrada asociación de un cargo público con ganancias personales.

Lo anterior no le suma más amigos. Su firmeza provoca admiración, pero también mucha resistencia en algunos grupos de esa sociedad. En estos últimos se ubican los católicos más conservadores -en un país de gran religiosidad-, que ven con espanto la intención de Olga Sánchez Cordero por legalizar el aborto a nivel nacional, así como la eutanasia.

Tampoco ganó más adeptos en 2013 cuando, en su cargo de jueza, dio la libertad a la francesa Florence Cassez, sentenciada a 60 años por ser parte de una banda de secuestradores. Su respeto por la ley es tal, que no temió a tener la popularidad en su contra por estimar que se llegó a una condena sin respetar el debido proceso, con irregularidades y sin atender a los derechos de la europea en juicio.

“Los derechos no se ponen a consulta, sólo se reconocen”, volvió a enfatizar esta semana en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y, según constatan los medios mexicanos, fue ovacionada “como una rockstar”. Sus palabras aluden a la resistencia y protestas de grupos conservadores ante sus medidas progresistas y que la enfrentan con valores asociados a la religión.

Un discurso en el encuentro literario en que profundizo su certeza frente a temas incómodos: “No estoy de acuerdo con el aborto. Estoy de acuerdo la despenalización, que quiere decir que las mujeres no sean procesadas y se les prive de su libertad. Las mujeres no tenemos por qué ir a la cárcel. Segundo, estoy propugnando por la muerte digna ortotanasia. Y tercero, estoy proponiendo una regularización y regulación de materia de drogas. Eso es lo que estoy proponiendo”.

Tras esa presentación en Guadalajara el público se puso de pie y comenzó a gritar: “¡Olga, Olga, Olga!”.

Pero su mayor desafío es otro: lograr el plan de campaña de López Obrador por la pacificación mexicana. Este involucra amnistía a criminales que calcen con un perfil de reintegración a la sociedad, principalmente mujeres, menores de edad y jóvenes indirectamente envueltos en delitos graves o con sentencias por casos únicos en su historial. Un programa que será de un trabajo intenso, medidas poco populares y gran exposición en la prensa.

Y si se trata de titulares, el pendiente que esperan muchos es el eventual cruce de declaraciones entre Olga Sánchez Cordero y Donald Trump. Porque el estadounidense ni siquiera se imagina a la mujer que se le parará al sur de la Casa Blanca.

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