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Coach Sally Bendersky

“Hay gente que busca revancha, que se comporta igual que los hombres”

Por Florencia Dinamarca 10 Ene, 2019

Mujer moderna que se hizo prestigio en un mundo de hombres como la ingeniería. A sus 70 años, la ex embajadora es crítica respecto a la revolución feminista que se gestó el año pasado: “Sin haber sufrido o haberse caído se dan el lujo de juzgar aquello que les parece diferente”.

En la década del 60 -y cuando pocas lo hacían- Sally Bendersky (70) entró a estudiar Ingeniería Química en la Universidad de Chile, una carrera en donde la mayoría de los alumnos eran hombres. Así, inevitablemente, siempre se relacionó más con ellos, ya que dominan las áreas en las que se desempeña. Sin ir más lejos, hoy es la única mujer que forma parte de la Academia Chilena de Ingeniería.

Ese dato académico refleja un poco de la personalidad moderna y arrojada de esta chilena hija de argentino y rumana, que soñaba con ser actriz y que por restricción paternal terminó entre fórmulas y números. Una exploradora en lo académico y también desprejuiciada, después siguió carrera como analista de sistemas (ayudó a modernizar el sistema bancario a fines de los 70) y saltó a mundos menos tradicionales como la terapia gestáltica y coaching profesional. A este último campo entró en 1986 de la mano del abogado Julio Olalla, muchísimo antes que toda la ola de profesionales que actualmente imparten cursos y consultorías. De hecho, está en otras ligas y se mueve impartiendo cursos entre Chile y Argentina, mientras alista los últimos detalles de su empresa de educación en liderazgo.

Conocida por liderar una infinidad de proyectos, ONGs, la ex embajadora de Chile en Israel en el gobierno de Ricardo Lagos reapareció en octubre pasado para presentar su libro El emprendedor novel, camino a la plenitud. ¿Por qué llamó la atención? En ese texto estrena su propio método de coaching: PEL-MET, que consiste en cinco pasos para alinear el cuerpo, las emociones y el lenguaje con el objetivo de que así exista coherencia y lograr los objetivos propuestos.

Como guía experta para lograr metas, ¿qué opina de la revolución feminista que estalló el año pasado?

Tengo una inquietud feroz. Siempre los movimientos parten por causas justas, porque nadie se revoluciona si no hay algo que no está bien. Pero ocurre que cuando se institucionaliza esta revolución se empieza a actuar en el sentido contrario de lo que se pretendía.

¿Cómo?

Veo que hay gente que busca revancha, que abusa, que se comporta igual que los hombres. Y hay mujeres que usan el poder de una ‘manera masculina’. No creo en ese modelo, pienso que el liderazgo femenino tiene mucho que contribuir y significa usar el poder desde aquello que siempre hemos hecho nosotras: cuidar el objetivo más que el ego. Yo le tengo miedo al movimiento porque no está la madurez ni el conocimiento de la historia ni la propuesta positiva. Solamente se conoce el juicio negativo que produjo un efecto: la revolución.

¿A qué se refiere?

Al ¿ahora qué? ¿Qué queremos para las mujeres ahora?, ¿que se venguen de los hombres? ¡No! ¿Que nunca más nadie las piropee? ¡Qué mundo tan árido! Entonces, está faltando gran madurez. No institucionalicemos hasta que no armemos el proyecto, porque la institución tiene que ser capaz de conducir el proyecto y no ser un conjunto vacío de conductas erráticas, porque se tienden a revertir.

Como mujer mayor que se abrió camino en un mundo masculino, ¿qué consejo le daría a una millennial?

Es difícil darle un consejo a alguien que no quiere consejos. Pero les diría es que se acuerden de que en la historia existe un conjunto de mujeres que las antecedieron y que ellas no son el comienzo del mundo. Les recomendaría que leyeran novelas históricas para que se empapen de lo que pasaba antes, de qué iniciativas hubo, cómo se manejaron y qué pasó con ellas, qué errores se cometieron y se pregunten qué hubiesen hecho distinto. Pero que no traten de inventar la rueda de manera arrogante, porque sin saber nada, sin haber sufrido o haberse caído se dan el lujo de juzgar aquello que les parece diferente. Tienen una cultura inmediatista, cortoplacista e ignorantista, como si no valiera la cultura pasada. En vez de leer cosas en Twitter, lean un libro de historia que les interese.

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