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CIENCIA

Micóloga Giuliana Furci explica el positivo efecto de “hongos mágicos” para ansiedad y depresión

Por Florencia Dinamarca 17 Ene, 2019

Hay hongos venenosos, otros que son una delicia y también algunos “mágicos”. Estos últimos tienen la capacidad de curar trastornos mentales y físicos, pero deben consumirse con cuidado, tal como advierte la experta de renombre internacional.

Foto: Veronica Lopez

Hace dos décadas, Giuliana Furci (40) recibió un místico llamado. Mientras recorría Chiloé se encontró con un hongo desconocido del que quiso saber más, pero no pudo porque ningún libro hablaba sobre él. Desde aquel momento sintió la necesidad imperante de estudiar a estos organismos y por eso fundó Fungi, una organización que investiga, conserva y difunde información sobre este reino. Según ella, estos organismos fueron los que la eligieron para que “les hiciera justicia”, ya que pocas personas le toman el peso a su existencia.

Nacida en Londres, hija de chilena e italiano, se vino a Chile en el 1992 y veinte años después creó su fundación. Decidió hacerlo aquí porque notó que había oportunidades únicas para trabajar con la naturaleza que no se estaban aprovechando. Durante el año viaja por el mundo invitada por instituciones de prestigio para realizar charlas sobre su especialidad, como la que dio hace unos meses en Kew Gardens de Londres convocada por Royal Botanic Gardens.

Actualmente su equipo prepara una publicación inédita sobre el uso de los hongos por parte del pueblo Mapuche que esperan lanzar en julio. También trabajan para incorporar el estudio de estos organismos en la malla curricular de enseñanza básica y media.

Además de dirigir Fungi, es la autora de la Guía de Campo de Hongos en Chile, que ya tiene dos volúmenes y que espera una tercera entrega en 2020. Por eso cuenta con orgullo que su fundación es “considerada una organización pionera cuyo trabajo trasciende la frontera chilena”.

Así, explorando este mundo fueron clasificando las especies que son nocivas para el ser humano y que se debe tener cuidado de consumir. Un reino fungi en el que también existen distintos tipos de “hongos mágicos”, donde los más comunes son los del género Psilocybe, llamados así por la psilocibina. Se trata de un alcaloide sicoactivo responsable de la alucinación o, como dice ella, de “transitar en otras dimensiones”.

Recientemente, la universidad estadounidense Johns Hopkins estudió el efecto de este componente en los seres humanos y, tal como afirma la micóloga, “los resultados son extraordinarios: los hongos mágicos pueden mejorar la vida de las personas”, ya que hubo resultados favorables para pacientes con cáncer, a quienes los ayudó a controlar la ansiedad y depresión.

Foto: Fundación Fungi / Verónica López

¿Qué sabes de los hongos sicotrópicos?

Los he estudiado bastante, también he estado en distintas comunidades del mundo aprendiendo sobre ellos. También he participado en grupos de trabajo para despenalizar su uso y por eso conozco de cerca el tema. Lo que sabemos es que son especies que tienen un potencial medicinal tremendo para mejorar el estrés postraumático o depresiones y, además, poseen el poder de cambiar las asociaciones relacionadas a experiencias. Por ejemplo, cuando uno sufre un trauma se gatillan ciertos caminos neurológicos cada vez que se piensa y los hongos son capaces de cambiar esa ruta y, por tanto, el impacto de aquel recuerdo.

¿Qué opinas de su uso recreativo?

Siempre he considerado que los hongos mágicos son una suerte de medicina y merecen un debido respeto. Por lo tanto, deben ser tomados de forma ceremonial y no recreativa, ya que tienen un impacto grande en el espíritu y en las emociones de las personas y cuentan con el potencial de afectar de manera trascendental. Además, ayudan en el mejoramiento de uno mismo y en distintos problemas, ya sean físicos o emocionales. Entonces, deben consumirse en ambientes de consciencia y no mezclados con alcohol u otras sustancias. A mí me parece que el uso de estos hongos también merece justicia, porque no son drogas comparables con la heroína, por ejemplo.

¿Los has consumido?

Sí, pero no de manera recreacional. Lo he hecho en compañía de micólogos o sacerdotisas para entrar en un estado de receptividad. Pero a mí no me han cambiado trascendentalmente. Lo que me ha pasado -y me sigue sucediendo cuando los tomo- es que se me refuerza este compromiso vital que tengo con el reino fungi: yo me siento una más con los hongos.

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