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SEXUALIDAD

La clase que debe tomar el Estado de la serie Sex Education

Por Florencia Dinamarca 5 Feb, 2019

No sólo diversión deja la exitosa serie de Netflix. La comedia británica entrega lecciones de cómo abordar el sexo de manera directa y abrir un mundo placentero a los jóvenes. Y, de paso, protegiéndolos de prejuicios innecesarios y enfermedades de transmisión sexual, incluido el VIH.

En pleno siglo XXI. En un país del Primer Mundo. En un entorno con acceso a información y cultura. Sí, en ese escenario el despertar sexual aún es un tema. ¡Todavía! Pese a internet y todo el material gráfico que puede aparecer online es un misterio. Eso es lo que desarrolla la serie Sex Education de manera cándida, abierta, directa, también nostálgica (con todos sus guiños ochenteros y noventeros). Razones por la que se convirtió en un éxito instantáneo en todos los rincones del mundo donde llega Netflix -con más de 40 millones de suscriptores reproduciéndo el show en las primeras cuatro semanas desde su estreno en enero pasado-, tocando a distintas sociedades, cada una con sus propios códigos en manera de abordar la intimidad y la iniciación en ella.

Para quienes no hayan visto este programa ambientado en Gales, éste sigue a un escolar llamado Otis (Asa Butterfield), hijo de una reconocida terapeuta sexual (Gillian Anderson) que le habla de sexo sin tapujos y entregándole desde niño mucha información al respecto. Un día, por accidente, el tímido joven se ve entregando consejos íntimos a un compañero y se transforma en el sexólogo de su colegio (emprendimiento mediante) y toma consultas en lugares tan poco tradicionales como un baño abandonado. Así la serie toca diversas historias, desde bullying por identidad sexual hasta abortos, pasando por mitos de desempeño en la cama hasta a elaborar técnicas de placer. Lo que da cuenta de la desinformación sexual que aún existe en la sociedad.

Sex Education expone de forma chistosa la falta de manejo de información que todavía existe sobre la sexualidad. Es una serie que habla directamente de sexo y temas tabúes, como todo lo relacionado con la identidad de género”, afirma Rodolfo Alvarez (29), ingeniero industrial de la Universidad de Chile y coach experto en sexualidad.

Según el director del Centro de Bienestar Inspira, en nuestra sociedad hay una “deseducación sexual” y urge hablar de materia relacional, de cuáles son los límites que uno establece con su pareja, de afectividad sana, autoestima y prevención de abusos y violencia.

En la serie hay escenas de sexo juvenil de todo tipo: placenteras, torpes y accidentadas.

¿Qué lecciones hay tras el éxito de esta serie?

Hay una gran deuda gubernamental con respecto a la educación sexual, ya que todavía no es obligatoria dentro de la malla curricular. Y cuando se aborda se hace desde una arista que no incluye temas importantes.

¿A qué te refieres con importantes?

Se habla de lo que es un pene y una vagina, pero no enseñan inteligencia emocional.

En el 2008, Chile -junto a 16 países latinoamericanos- aceptó participar del programa Prevenir con Educación, el que pretendía aumentar la educación y disminuir las cifras de VIH, aspectos en los que fracasó rotundamente. Diez años después se publicó un informe elaborado por el Departamento de Evaluación del Congreso que analizó los efectos de dicha iniciativa y se consignó lo siguiente: en nuestro país existe “educación sexual débil y, en algunos casos, inexistente en colegios públicos”. Eso, pesar de que la Ley 20.418 especifique que estos establecimientos deben incluir educación sexual desde primero medio.

Otis, el joven terapeuta por accidente, también tiene sus propios problemas de intimidad.

¿Por qué la urgencia de hablar de sexo?

Es importante hacer algo ahora para prevenir enfermedades de transmisión sexual, porque tenemos cifras muy alarmantes, aunque ni siquiera sabemos específicamente cuáles.

Si bien es cierto que no se sabe exactamente el número de personas infectadas con VIH, en agosto del año pasado se estimó que solo durante el primer semestre del 2018 se contabilizaron casi cuatro mil nuevos casos, siendo la mayoría jóvenes de 20 a 29 años.

¿Qué pasa en el Ministerio de Salud? Este año lanzaron una campaña de test rápido para detectar VIH y están a la espera de una pastilla para prevenir el contagio, pero no se ha dicho nada concreto sobre mejorar la educación sexual.

¿Cómo se nota esta laguna en eduación sexual?

A falta de educación, la pornografía se convierte en una fuente de información, porque es fácil encontrarla en internet. Esto ha repercutido gravemente en la concepción social del sexo, porque promueve estándares que son súper falsos: que en todas las relaciones sexuales se llega al orgasmo, que siempre se pasa excelente y que todo es súper caliente, y el sexo real no es así.

¿Y que explica mejor que cualquiera Sex Education?

Hablar directamente del tema, verlo como algo natural y quitarle la carga negativa, eso de que hay cosas que no se pueden saber. Además, debemos entender que no hay normalidad sexual y que son súper comunes las limitaciones en este plano. Es normal que no se llegue al orgasmo en todas las relaciones y también es común esconder la verdadera identidad de género.

¿Y qué otra cosa pueden sacar de esa serie padres y profesores para  conectarse con los adolescentes?

Lo más importante es que ellos se eduquen y adquieran herramientas para poder enseñar. Yo he hecho diversos talleres para padres y niños e impresiona que haya gente que no sepa lo que es el VIH o que piensen que se contagia por darle la mano alguien. En Chile no hay espacios de formación y el Gobierno se ha desligado. Hace tiempo dijeron que la educación parte por casa, y yo entiendo eso, pero no le puedes pedir a personas que no saben que le expliquen a otras, eso solo genera una cadena de desinformación.

¿Qué consejo le darías a los escolares?

Primero, deben filtrar las fuentes de información: no creer en lo que dicen los medios ni sus amigos. Tienen que basarse en literatura científica o en profesionales que sean expertos en la materia, como sicólogos, ginecólogos, urólogos, , siquiatras, sociólogos, profesores, etcétera.

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