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Sociedad

Juego de damas: Al mando de la barra

Con tres niveles y lleno total cada noche, el Sarita Colonia es uno de los restaurantes más exitosos de Santiago y mencionado en guías de bares internacionales. Por esto es especial mérito que un grupo de veinteañeras sea el que lleva el ritmo de su agitada barra, que ahora aspiran a construir comunidad femenina en este trabajo -generalmente masculino- como las @barmaidss.c.

9 de diciembre de 2018

Juego de damas: Al mando de la barra

Es la previa de otra noche a tablero vuelto en el restaurant Sarita Colonia, de calle Loreto. Las chicas se colocan sus coloridas poleras de uniforme, toman el peso a sus ‘armas’ de cocteleras y medidores, revisan que los vasos estén impecables y hacen revista de las botellas que tienen al frente. La barra es SU territorio y funciona con una alta vara de calidad. Se trata de una seriedad y disciplina prusiana que no se puede llegar e interrumpir.

Y las entendemos, ya que ese profesionalismo es el que le ha dado la titularidad a este trío de veinteañeras en un mundo dominado por los hombres como es el de los bartenders, más en lugares de alto prestigio internacional como Sarita. De ahí se explica porque quieren marcar diferencia e invitar a otras muchachas a incursionar en este trabajo que, aseguran, cambia la vida. “No queremos que los bares pongan sólo a una niña bonita detrás de la barra para ganar más propinas”, enfatizan estas mujeres hace poco agrupadas en la cuenta conjunta @barmaidss.c.

El diván y la barra. Hace ocho meses que Maite Cabrera (24) partió como bartender, tras un curso en Bar Academy de Santiago. Siempre le llamó la atención, pese a cursar Sicología y estar lista para entrar el próximo año a un magister. “Sé que esta no será mi principal carrera, pero desde que partí en esto me he sentido seducida por todo el mundo que es la coctelería. Ahora cuando voy a fiestas de familia o a otros lados todos me piden que les haga tragos entretenidos. Ha sido un proceso especial y puedo decir que, como futura sicóloga, he descubierto más cosas de mí que del resto. Desde la barra aprendí a escuchar, relajarme y soltar. Me fluye más la información y ejercito hacer preguntas. También cambia el gusto: antes sólo tomaba piscola (ríe), así que ahora todo es un descubrimiento”.

Cada noche, una campaña. Hace 10 años Jocelyn Rolack (29) dejó su casa. Era estudiante de Publicidad, tenía que pagarse la carrera y la vida. Un día pasó por afuera de un bar, entró a pedir algo y se le acercó el administrador algo coqueto; ella se animó y le pidió ser garzona. Esa fue la partida de todo. A punta de preguntas con los bartenders –“porque siempre son hombres”- aprendió las recetas de los cocteles. “Me gané el puesto armando tragos y terminé mi carrera. La ejercí, pero esa profesión no me gustó tanto como el trabajo que me la había pagado: la barra”. Pero ella toma todo el proceso como una gran panorámica, mientras sueña con levantar su propio local en el pueblo cafetero colombiano de Minga rodeada de naturaleza tropical. Así nos explica su visión: “Cuando pienso en armar un trago, lo imagino como si fuera una campaña publicitaria que tiene una estructura que se ramifica hasta llegar a un producto más visual. Y el cóctel va mucho más allá, porque su impacto es aromático, sensorial, de experiencia”.

La hermana rebelde. En Osorno, la familia se resistía. Los dos hermanos mayores de Paz Yaeger (21) trabajan de bartenders en el sur y, pese a que esta alumna de veterinaria les pedía aprender a hacer tragos, ellos se negaron siempre. Pero ella lo logró por su cuenta y empezó a trabajar como autodidacta hace tres años. Una ‘rebeldía’ que se tornó en algo más serio cuando llegó hace 10 meses a Santiago y entró al Sarita Colonia. “Para mí era como un sueño trabajar en su barra por la forma en que arma la coctelería. Además, aquí encontré a un profesor en uno de sus creadores de tragos, Nicolás. El se transformó en un amigo y mentor que me dio los secretos para ser mejor en este trabajo. ¿La gran lección? Darme cuenta de que la barra no tiene límites, está todo para seguir creando. No existe un ‘hasta aquí llegaste’”.

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